Polémica entre los vecinos por el mobiliario colocado en las playas Los asiduos del Orzán ya buscan usos a las nuevas mesas plantadas por el Concello
12 jun 2003 . Actualizado a las 07:00 h.No tienen el clásico tapete verde de los casinos. Estas mesas son de piedra blanca, pero valen para montar una timba bajo el sol del Orzán. Pasan cuatro nubes y los obreros se toman un respiro o un pitillo mientras pulen el tablero de estas tres mesas estilo merendero (redondas y con sus tres bancos por barba). A las rocas del Orzán les han salido una mesas. En la arena también ha crecido un bungaló o cabaña del tío Tom para que reposen los socorristas. Ya hay debate sobre los muebles que estrena la ciudad. Los asiduos han hallado usos múltiples al tablero: sirve para organizar merendiñas, echar un tute o, se teme, para los botellones. «Para el botellón y las fiestas nocturnas son perfectas, porque así los chavales tienen donde poner la botella». Es el pronóstico de Javier Fernández, un administrativo coruñés que aprovecha sus vacaciones para degustar el sol que se desploma sobre el paseo. Es crítico, pero con matices. «No es muy estético, la verdad es que desentonan un poco», espeta, aunque, por contraste con otros proyectos, no lo considera catastrófico. «Comparado con los cientos de millones que costaron otras cosas -argumenta-, pues por lo menos es algo útil, no como el pirulí o el tranvía». «A mí no me hacen daño ninguno. No me estorban». Es la sentencia de un paseante experimentado. Manuel Suárez, jubilado, otea la playa desde la glorieta de los Surfistas. «A mí no me parece mal que hayan puesto esas mesitas, supongo que son para la baraja, para que las señoras se diviertan jugando a las cartas», apunta Suárez, que confiesa su entusiasmo por «todo lo que hace el alcalde». Duda, eso sí, de la supervivencia de estos artefactos, ya que unas mesas de madera instaladas hace unos veranos acabaron convertidas en leña sobre las olas del Atlántico. En este rincón se tuestan a diario los más veteranos del arenal, a salvo de los balonazos de los pequeños maradonas y a tiro de piedra (o de pupila) de las topleseras a las que no quitan ojo los sospechosos habituales que gastan codo en la balaustrada del paseo marítimo. Por ahora, el merendero se estrena con unas devotas de la baraja que se juegan sus céntimos disfrazadas de yanquis con sus gorras de béisbol. Asoman los bocatas y el as de oros. Luego, la noche dictará su sentencia. Se verá entonces si anidan en este Orzán amueblado los rapaces que trasiegan alcohol de súper en formato calimocho.