De primero, Vázquez en su salsa

A CORUÑA

El candidato socialista se reunió ayer, en una multitudinaria cena, con más de seiscientos incondicionales a los que dijo: «La Coruña es mi único horizonte político»

10 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

El socialismo coruñés se fue ayer de fiesta. Con sus mejores galas, casi seiscientas personas abarrotaron el salón principal del Finisterre en una demostración del tirón popular de Francisco Vázquez. Un menú clásico -entremeses a base de croquetas y una gamba, pudding de verduras y ternera en su salsa- a precio de 20 euros para los afiliados y 35 para los demás invitados, bastó para reunir a lo más granado del PSOE coruñés en un acto que, como Vázquez dijo, «es una reunión de amigos». El candidato socialista, que aspira a repetir por sexta vez su mayoría absoluta, hizo su enésimo llamamiento a la movilización ciudadana a la hora de votar en las urnas. Y recurrió, para ello, a la expresión rotunda de su compromiso con la ciudad. «Yo os puedo asegurar que mi único horizonte político, mi único proyecto vital es, y seguirá siendo, la ciudad de La Coruña», aseguró en medio de una atronadora ovación. Limpieza electoral Antes tuvo tiempo para lanzar un aviso a sus competidores en la carrera hacia la alcaldía. «Nosotros no vamos a recurrir al insulto, a las descalificaciones. Eso no va con una ciudad tolerante y sin crispaciones. Preferimos una campaña electoral tranquila en la que podamos seguir avanzando en nuestro propio modelo», indicó. Y ese modelo pasa por la apuesta programática de los socialistas por la educación y el especial interés en las nuevas tecnologías. Francisco Vázquez, con un traje de raya diplomática azul marino, una camisa blanca y una corbata de tonos rosáceos, despegó en esos momentos sus codos del atril desde el que se dirigía a la concurrencia para dar más énfasis a sus palabras. «Es que no podemos permitirnos perder el tren del futuro y crear una generación de analfabetos que no sepan manejarse con el ordenador, Internet o un simple teléfono móvil», advirtió. Ese reto es el principal de Vázquez y el resto de su candidatura, «porque en todo lo demás ya hemos conseguido ser una ciudad modelo, un referente para el resto de España». Respaldo cualificado Entre los planes de futuro, el candidato socialista estima imprescindible la implicación de la ciudadanía, «porque el alcalde no tiene la varita mágica que soluciona cualquier problema. El alcalde, sea yo o cualquier otro, precisa del respaldo de una mayoría social cualificada en la que basarse a la hora de llamar a las puertas de los despachos de otras administraciones para pedir que nos hagan el puerto exterior, la tercera ronda o la ampliación del aeropuerto de Alvedro». No menos importante para el proyecto de futuro de Francisco Vázquez es la adecuación de la ciudad al inminente proceso de mestizaje que se avecina en toda Europa. «Para eso debemos estar también todos preparados», anunció. El cabeza de lista del PSOE aseguró que todas esas inquietudes «están ya recogidas en nuestro programa, que es sobre todo continuista, porque nosotros consideramos que es muy importante partir de lo que ya tenemos para seguir avanzando en un modelo de ciudad que todavía sigue siendo posible fabricar entre todos cada día». Ilusión Vázquez confesó seguir teniendo la misma ilusión que el primer día, a pesar de ser la sexta vez que se enfrenta a una cita de este tipo. Y ese contagioso entusiasmo intentó transmitírselo a los suyos con una aclamada invitación antes de la llegada del café a las mesas de los invitados. «Muchos de vosotros sois testigos del enorme cambio que ha experimentado esta ciudad en los últimos veinte años. Y a todos os invito a que os mantengáis a mi lado a la hora de completar el camino», dijo mientras, al pie del escenario preparado sus más cercanos colaboradores, su mujer, Mari Carmen, su hija y su yerno, Luis Arrachea, recibían las felicitaciones de las decenas de seguidores de Vázquez que se dieron cita en la singular cena-mitin. Tras el discurso llegó la hora de los abrazos. Ninguno de los históricos perdió la ocasión de saludar a su candidato. «Paco, nosotros seguimos creyendo en ti», le espetó un veinteañero que acompañaba a su abuela a la hora de la despedida del acto.