Diego afronta la recta final del curso con el apoyo de un traductor de signos que «habla mi lengua», recalca
09 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.?o suyo es una partida a tres bandas. Y él es la de enfrente. Porque tiene que verle las manos a su intérprete, traductora simultánea de la lección que imparte el profesor. Diego Fernández, el estudiante sordo de bachillerato por el que su instituto, el de Monte Alto, se quedó vacío, ya tiene quien le hable. Sin necesidad de oír. «Ahora no tengo límites», resume. Su única diferencia, lo explica, era la comunicación. Total nada. Los dedos de Mar le abren ahora las puertas. Y no sólo para acceder a los contenidos que le explican en cada clase, sino para poder preguntar aquello que no comprende. «El profesor habla -cuenta-, yo miro a la intérprete y la entiendo, porque ella habla mi lengua». De todas las ventajas, subraya una: «Puedo participar». La intérprete enviada por Educación tras la huelga del instituto le acompaña a todas las clases. «Sería bueno tener dos, porque son muchas horas para una sola, pero esto es un paso», comenta Diego. Agradece que la consellería, aunque tarde, respondiera a su petición y confía en iniciar el año próximo contando con la ayuda desde el principio, no a dos meses del final de curso. «Disponer de intérprete es un derecho, mi derecho; ahora tengo el deber de estudiar y me esforzaré al máximo» dice Diego cuando se le pregunta por las notas. Si filosofía, inglés o matemáticas no lo impiden, pasará de curso. «Ahora, ya depende sólo de mí». La pelea por comprender le ha convertido en el primer alumno sordo de Galicia que consigue que le asignen un intérprete a tiempo completo, es decir, en horario lectivo. Su caso ha despertado a otros. «Hay sordos que me ven y me dicen que están asombrados -cuenta-, incluso de la Universidad han contactado conmigo, y también hay personas que habían dejado de estudiar por las dificultades y que están pensando en volver». Diego lo tiene claro: «Para los estudiantes sordos, este es un paso muy grande».