«Venenosos por naturaleza» muestra hasta septiembre los animales más tóxicos del planeta La lista «letal» incluye desde la cobra de Cleopatra a la chinche que mató a Darwin
01 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.Una foto de un niño indígena al que se le caen los mocos da la bienvenida a un territorio plagado de serpientes y otros seres ponzoñosos. Venenosos por naturaleza descubrirá hasta septiembre en la Domus los secretos de la fauna más tóxica -humanos aparte- del planeta. «Qué pequerrechas, parecen de mentira», comenta una alumna del instituto Ramón María Aller de Lalín (Pontevedra), de las dos graciosas ranitas de vientre de fuego, oriundas de China y Corea. Pequeñas, pero matonas si las tocas. A su lado dormita el sapo gigante o rococó. Es de Perú, capaz de tragarse bichos más grandes que él y tan alucinógeno como el LSD. «¿Las iguanas no son venenosas?», pregunta un estudiante. Pues no, como tampoco lo es la pitón reticulada de seis metros que hay en la muestra. Las de su especie estrangulan y se zampan a sus presas. Una de ellas, un adolescente de 14 años, según la literatura científica. Los tres escorpiones emperador están entre los favoritos de los escolares. Una cuidadora explica que son un macho y dos hembras, una embarazada, y muy sociales. Por eso, no practican el canibalismo. Serpientes fascinantes Las serpientes fascinan. La cobra de Cleopatra, con una picadura de un efecto similar al de una sobredosis de pastillas; la cascabel de Tejas, cuya mordedura es más grave si es joven, y la víbora de Oriente. Junto a ellas está la cobra india, la falsa coral, la mocasín -cuyo veneno se usa contra la trombosis- y dos crótalos del bambú, tan inmóviles y rápidos que pueden cazar un pájaro al vuelo. Pero mejor que no sea un pituí. De él se descubrió en 1992 que tenía el plumaje tóxico. Hay peligros insospechados. El ornitorrinco, el único mamífero sin mamas y que pone huevos, tiene un espolón que provoca un dolor que no para ningún analgésico, y hay chinches asesinas. De la infección que le transmitió una murió Darwin, el padre de la teoría de la evolución. También conviene escapar del escarabajo escopetero. Las bombas de humo que lanza por el ano pueden provocar quemaduras en la piel.