Nunca debió cruzar el Mandeo

Pacho Rodríguez A CORUÑA

A CORUÑA

ESTUDIOS BLANCO

Un corzo atropellado accidentalmente por un vecino de Paderne, a la altura de Obre, fue entregado a una entidad benéfica tras levantarse el atestado del suceso

25 abr 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

El corzo no vio la línea blanca que divide el asfalto y la naturaleza, y que separaba la vida de su muerte. No lo sabía. Fue un obstáculo invisible. Una franja de pintura sin significado para un animal salvaje. La mala suerte hizo que el mamífero se topara con un vehículo, que lo atropelló y lo mató. El susto se lo llevó el conductor que, de repente, vio y sintió que algo se golpeaba con la carrocería del automóvil. El segundo capítulo de este accidente, ocurrido el pasado jueves en Obre, a la salida de Betanzos, fue meramente administrativo. El corzo, que nunca debió cruzar la calle Mandeo, tampoco hubiera puesto pegas a este trámite. Tras el desconcierto inicial, el conductor, vecino de Paderne, optó por llamar a las autoridades competentes, que se hicieron cargo de levantar el correspondiente atestado. Se da la circunstancia de que, de no haber tomado esta decisión, el hombre accidentado, que no sufrió ninguna lesión, se hubiera expuesto a una sanción administrativa. No fue así, y el animal pasó a manos de una entidad benéfica, en donde podrá ser disfrutado en forma de gastronomía. La vida de un corzo, que merodeaba por la comarca betanceira, acabó como la de muchos humanos, víctima de un accidente de tráfico. Después de Semana Santa, podría rezar su esquela.