Un coruñés en la Antártida

Juan Gómez-Aller A CORUÑA

A CORUÑA

El teniente Carlos Espiñeira fue uno de los elegidos para ocupar la base española

14 abr 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

«A La Coruña, 13.040 kilómetros» está clavado encima de un volcán. Junto al mojón de madera pasea un pingüino que rodea la base española con curiosidad, estudiando con detenimiento a los científicos que, a la vez, le estudian a él. Isla Decepción, treinta grados bajo cero. Allí, en uno de esos recónditos lugares del mundo que muestran los documentales de La 2 , está la base antártica Gabriel de Castilla. «Es como un gran hermano, pero sin cámaras. Convives con casi veinte personas durante tres meses en unos 90 metros cuadrados. Y fuera de los módulos no hay nada», recuerda el coruñés Carlos Espiñeira López -teniente del Ejército de Tierra y experto en telecomunicaciones-. Pruebas Espiñeira, que tuvo que superar duras pruebas para ser elegido para la misión (¿recuerdan Elegidos para la gloria ?), llegó de la Antártida hace unas semanas, después de formar parte de la expedición de 16 personas que ocupó la Gabriel de Castilla de diciembre a marzo. Al frente se encontraba un comandante de Operaciones Especiales -el emplazamiento es militar-, que gobernaba sobre un emplazamiento con chef, neurocirujano militar y ocho científicos que estudiaban la corteza de la Isla Decepción (toda ella es un enorme volcán) y sus pingüinos: allí se encuentran las dos mayores pingüineras del mundo (150.000 ejemplares).Hasta allí no llegaron las filloas o los grelos, pero Espiñeira pudo seguir al minuto los resultados del Dépor: instaló un complejo equipo de telecomunicaciones, que permitía desde acceso a Internet hasta llamadas por onda de radio a un teléfono móvil. Las aplicaciones que experimentó el coruñés en la Antártida servirán ahora para comunicarse con las tropas españolas en Kosovo y Afganistán.