CRÍTICA MUSICAL | O |
31 mar 2003 . Actualizado a las 07:00 h.EL CASO británico es bien curioso. Prácticamente desde Purcell hasta el siglo XX no hubo en las islas ningún compositor relevante; no, al menos de la reconocida talla de los grandes autores que durante ese tiempo brillaron en el continente. Lo cual no quiere decir que allí no se hiciera música, sino todo lo contrario. En Gran Bretaña encontraron fama y fortuna compositores como Händel, Haydn o Beethoven; han tenido las mejores orquestas e instrumentistas y el público posiblemente más y mejor educado. Pero, hasta la pasada centuria, con la aparición de los Elgar, Delius, Vaugahn Williams, Walton, Britten, etc. la creación figuró en segundo plano. Quizá como consecuencia de la abundante y competitiva vida musical británica, los creadores de allí se han preocupado por buscar en sus obras la complicidad del público, que es casi siempre, y en todas las épocas, conservador por naturaleza.Ésto se ha comprobado en el asequible programa que David Atherton, uno de los más cualificados defensores actuales de ese repertorio, nos ha regalado ahora, junto a una Sinfónica encantada de trabajar en tan competente compañía. Atherton se comunica con la orquesta con todo el cuerpo, dibujando la música, pero sin caer en efectismos de dudoso gusto. Bajo su vigorosa batuta, las traducciones que se han escuchado de Arnold, Delius, Britten y Elgar fueron sobresaliente.A destacar la interpretación del Enigma elgariano, por elocuencia, adecuación idiomática, color y arquitectura, y la soberbia colaboración entre David Bushnell y el tenor Timothy Robertson, eficaces recreadores de esa atmófera ensoñadora que transmite la íntima y personal Serenade . Sinfónica de Galicia. David Atherton, director. Programa: obras de Delius, Arnold, Britten y Elgar.