Alumnos de enseñanzas medias encuentran en Náutica asesoramiento para decidir su futuro en las aulas
31 mar 2003 . Actualizado a las 07:00 h.?a nota de corte es el primer sablazo. Y lo primero que se paran a mirar los jóvenes que desde ayer acuden a la Escuela de Náutica a las jornadas de orientación universitaria y profesional. Esa solicitada lista, en la que figura la calificación mínima para acceder a cada titulación, cercena vocaciones por décimas. Pero también acota el mar de alternativas en el que -los muchachos lo reconocen-, lo más fácil es naufragar. «No tengo ni idea de lo que voy a hacer el curso que viene -comenta Dani- ni creo que vaya a saber si algo me convence hasta que esté metido de lleno». Para tratar de aclarar un poco las ideas, las jornadas llenan de información a los casi ocho mil jóvenes que en esta edición, y van doce, se han apuntado a las sesiones de orientación. Charlas de profesores, direcciones de Internet y hasta un gabinete psicopedagógico se ponen a disposición de estudiantes y padres para la difícil tarea de decidir el futuro. Con experiencias de profesionales se tratará de dar visiones más cercanas a la realidad de trabajos encumbrados o, por el contrario, desprestigiados por tópicos erróneos. Resabidos y rebeldes, como corresponde, no están inmunizados los chicos contra estereotipos televisivos: la mesa redonda más solicitada es la de 600 jóvenes aspirantes a periodistas. «Tratamos de que los chavales sepan con qué se van a encontrar», explica Ana Judel, una de las responsables del programa organizado por Ayuntamiento y Universidad. Por algo, las preguntas sobre salidas profesionales son una constante de las jornadas. «También nos preguntan cúanto se cobra», agrega Judel. La generación que entrará en el campus con móvil GPRS es, ante todo, práctica. Podrá no saber cómo llegar, pero sí adónde. Suyo es el destino, les falta trazar el rumbo.