Asegura que en la ciudad hay más de 800 transformadores como el del tranvía La concejala de Medio Ambiente garantiza la «total seguridad» de la instalación eléctrica
17 mar 2003 . Actualizado a las 06:00 h.? «Sorprendida» y «asombrada» se declaró ayer la concejala de Medio Ambiente, Carmen Marón, por la contestación ciudadana generada durante los últimos meses por las obras de ampliación de la línea del tranvía en el paseo marítimo de Riazor-Orzán. Terció Marón en la última polémica, surgida a causa de los trabajos de instalación, a unos metros de la puerta del colegio las Esclavas, de un transformador eléctrico para abastecer la catenaria del futuro metro ligero. La edil aseguró que se decidió cambiar la ubicación de este equipo, que en un principio se iba a situar junto a la puerta de acceso a la piscina de Riazor, «porque en esta situación tiene un menor impacto visual y porque es más cómodo». Anunció Marón que la zona quedará «como estaba» y que incluso «va a seguir estando la estatua de Arsenio», en referencia a la misteriosa desaparición del busto del ex entrenador del Deportivo durante los trabajos de prolongación de la línea.Sí habrá cambios, admitió la concejala, en el entorno de la playa. Junto a la escalinata que une Riazor con el acceso al colegio se implantará una puerta para el servicio de mantenimiento del equipo eléctrico y habrá rejillas para la ventilación de esta instalación. No obstante, la edil de Medio Ambiente recalcó que los técnicos garantizan «el aislamiento y la total seguridad de la subestación». «Para eso están los ingenieros», apostilló.Para apoyar su tesis de que estas instalaciones no representan riesgo para la salud pública recurrió Carmen Marón a la proliferación de estos centros de transformación en el casco urbano. «En la ciudad hay más de 800 subestaciones de este tipo, algunas en bajos, primeros pisos y patios, y de esta cifra alrededor de unas 300 tienen igual o superior potencia a la del tranvía», indicó la edil de Medio Ambiente. Marón insistió en que no hay legislación estatal que regule la ubicación de estos centros de transformación y que la única normativa existente es una recomendación de la UE, que fija un tope máximo de cien micro teslas (una medida del campo magnético generado por la corriente). «Ninguna de estas subestaciones supera el límite», remató la edil.