Distribuidores, taxistas y comerciantes se oponen a un sistema que duplica su trabajo, interfiere en su labor y reduce sus beneficios
27 feb 2003 . Actualizado a las 06:00 h.Son los desheredados del aparcamiento en batería, una forma de dejar el coche «maldita» que les hace recorrer en ocasiones kilómetros con cien kilos de botellas a cuestas, o dejar a un cliente a cien metros de distancia del lugar al que le tenían que haber llevado. El que les hace perder clientes, y convertir sus calles en túneles de vía estrecha. «Hay dos factores que nos alargan la jornada de trabajo dos o tres horas al día: el aparcamiento en batería y la escasez de áreas de carga y descarga. Y para eso, las que hay, están ocupadas por camionetas que se quedan todo el día allí», explica Juan Carlos Añóns, que distribuye 600 cajas de Coca-Cola al día por el centro de la ciudad.Añóns asegura que en ocasiones esas dos circunstancias le han obligado a recorrer más de un kilómetro con unos cien kilos de cajas a cuestas. Ayer dejó el camión junto a la plaza de Vigo y comenzó resignado a subir la cuesta hasta un establecimiento en Gómez Zamalloa. Cargamento «Hay muchas veces que te tienes que ir dos o tres calles más arriba», indica mientras recoge otro cargamento, «y estas caminatas lo convierten en un trabajo muy duro. He conocido a muchos que han empezado a trabajar un día a las ocho de la mañana y a las seis de la tarde lo han dejado para siempre», concluye. No es el único que ve el aparcamiento en batería con recelo. «Una persona coge un taxi para que le deje precisamente delante de la puerta, no a doscientos metros. Y en una de estas calles, si te paras, bloqueas toda la calzada. Enseguida empiezan a pitarte», se queja Francisco, un taxista.«La nueva forma de aparcar se nota mucho en este negocio. Desde que han eliminado la doble fila en Emilia Pardo Bazán me entran menos clientes. Antes dejaban el coche al lado del local, y si alguien pitaba, salían fuera a retirarlo y asunto arreglado», afirma Manuel Macía, responsable de La Masía. «Para colmo, tampoco hay mucho sitio de carga y descarga, y la mitad de la calle está en obras», explicó Macía resignado.