Las comparsas descubrirán el martes una placa en honor de este fallecido coruñés Recorría las calles con un grelo en la mano y solía llevar puestos tres disfraces a la vez
26 feb 2003 . Actualizado a las 06:00 h.? César Sanjosé manejaba su propio calendario de carnaval. La fiesta le duraba dos semanas más que al resto. Cuando trabajaba, pedía quince días de vacaciones en la cervecería de Cuatro Caminos para poder disfrutar sin límites laborales. Ya puesto, tampoco se ponía lindes horarios. «Era capaz de estar varios días sin dormir», recuerda Romualdo Irixoa, miembro de la comparsa Os Maracos, a la que César pertenecía de aquella manera. «Era más choqueiro que comparseiro. Se ponía el traje el primer día y después iba a su bola». Disfrutaba el minuto y no quería malgastar ni uno. Por eso, para ganar tiempo, a menudo salía de casa hecho un muñeco Michelín, con tres disfraces puestos, que se iba quitando a medida que avanzaban las horas. A cara descubierta, con un grelo en la mano y un «hooola» siempre a punto de garganta, César daba la nota, el cante y lo que hiciera falta. Rincón en una tasca Los más jóvenes lo reconocerán por la foto. Usaba los triunfos futboleros como coartada para disfrazarse fuera de temporada. Con una copa (de metal) recorría las calles. Era del Dépor, del Madrid y de la selección, recuerdan en la tasca O Canto do Cuco, de la calle Miguel Servet, donde el martes se descubrirá una placa en honor de este choqueiro fallecido el pasado año. Irán todas las comparsas. Habrá derecho de admisión: o llevas un grelo o no pasas. No será el primer reconocimiento. Ya en vida, este local inauguró O rincón de míster César . Una mesa y unas sillas, nada más. Pegadas a la pared, fotos de Sanjosé: lo vemos tirando cañas en la cervecería; saludando a Stoja cuando el ascenso; disfrazado de choqueiro, de Neptuno, de sabe Dios qué. En ese rincón se hacía fuerte. «Tomaba café por la mañana, vino al mediodía y daba la lata por la tarde», recuerda jocoso su amigo Raúl Rodil, dueño del bar. Territorio a la medida de César es O Canto do Cuco, un local cuyo lema es «el que a este mundo vino y no bebió vino, a qué coño vino». Sanjosé comulgaba con esta máxima.En la fachada del establecimiento leemos un anuncio: «Se vende nicho en San Amaro. Con plaza de garaje y trastero». Se fue César, pero en esta tasca se quedaron las risas.