?ansados de que Torrebruno los enfrente a los tigres y de ser el centro de todas las miradas cada vez que se produce una manifestación, los leones del Congreso de los Diputados han hecho las maletas y se han trasladado a las tranquilas tierras de la capital de Cambre. Éste podría ser el argumento de una película de la Metro Golding Mayer -ya que de leones se trata-, pero la realidad es bien distinta. Una singular réplica de los animales que se encuentran en la madrileña carrera de San Jerónimo vigilan desde hace más de un siglo una vivienda situada en la carretera de la estación cambresa. Sin embargo, los creadores de este original retablo no quisieron dejar a las dos fieras solas y, en el medio de ambos, situaron un estirado dálmata. Punto de mira La curiosa estampa no pasa desapercibida entre el vecindario, sobre todo, entre los más pequeños. «La gente que pasa, siempre comenta algo, pero son los niños los que siempre quieren tocar a los animales», explica Alejandro Ramos, que hace más de treinta años adquirió esta vivienda y a sus vigilantes . Pero las personas no son las únicas que se quedan cautivadas por estos animales, los perros que recorren la zona no se casan de ladrar al ver a unos posibles contrincantes, aunque una vez que comprueban que no se mueven, deciden dejarlos en paz.Nadie sabe precisar muy bien cuál fue el motivo que llevó al constructor del inmueble a adornar con estos tres animales la puerta de entrada a la vivienda. «En las escrituras figura como la Casa de los Leones, y a nosotros nos gustan mucho porque están muy bien hechos», comenta el actual propietario de los terrenos, quien confiesa que cada cierto tiempo encarga a un pintor profesional que les dé un retoque. Historia Los anteriores inquilinos de esta original vivienda recuerdan que, cuando eran pequeños, los dos leones y el perro ya se erigían sobre el cierre de la finca. «Creo que fue mi bisabuelo, Enrique de Horta y Pardo, el que construyó la casa y, con ella, a los animales. Yo debía de tener unos 9 años la primera vez que vine aquí, y la casa ya parecía antigua, así que calculo que debe de tener más de un siglo de antigüedad», relata Enrique Rodríguez. Enrique Horta y Pardo nació en la localidad de Pontedeume y, luego, pasó muchos años en Cuba, donde fue reconocido como un gran intelectual, motivo por el que luego le dedicarían una calle en su localidad natal.Tras su vuelta a Galicia, decidió instalarse en Cambre, donde construyó esta vivienda, en la que residió durante mucho tiempo él con su familia. A pesar de que todos sus descendientes recuerdan la presencia de estos singulares vigilantes, nadie conoce los motivos que llevaron a su bisabuelo a rendir este homenaje a los animales del Congreso de los Diputados. Misterios del mundo animal.