Su enorme corpulencia corrió pareja con su calidad humana. Se llamaba Jorge Cafrune y era el último de una saga de poetas de la canción, a la que imprimía siempre una reivindicación social, de la que Atahualpa Yupanqui fue consumado maestro. En una época, además, la de los años 70, donde la juventud se decantaba por el conjunto moderno, con guitarras electricas y amplificadores potentes, llegó de Argentina Cafrune, con el traje de gaucho, su sombrero, su poncho, sus botas negras, acompañado únicamente por una guitarra, e impactó, no sólo a esa juventud, sino a todos los españoles. Algo parecido ocurrió con otro gran obeso: Demis Roussos. Estuvo en España de 1972 a 1976 y a A Coruña llegó en el verano de 1973 para dar un recital de su arte y de su pensamiento. Fue en el teatro Colón donde actuó los días 28 y 29 de agosto, acompañado del joven Marito, con el que ya había efectuado grabaciones y conciertos.En las declaraciones que hizo a la prensa local, Cafrune puso de manifiesto su inquietud social y su apoyo y defensa de las clases menos favorecidas de la sociedad. No había que olvidar que antes de haber llegado al mundo de la canción fue mozo de bar, camionero y dependiente de almacén. «Yo digo las verdades -comentó- de la gente sencilla y del sentir del campo, del peón sometido al patrón sin otro horizonte que el de alegrar sus penas cantando». Ideas revolucionarias Respecto a su país, apuntaría: «Argentina es un país rico que cada vez vive más pobre, donde el populismo pretende alimentar a la masa con palabras huecas, mientras los capitalistas la explotan y ponen su dinero a buen recaudo fuera del país (...) Las grandes ideas revolucionarias de Sanmartín, Bolívar y otros libertadores siguen sin llevarse a la práctica». El primer día de su recital, acompañado por el niño Marito, el Colón registró una gran entrada, predominando la juventud. En su primera canción ya se ganó al público cuando dijo: «Aquí me pongo a cantar, pero yo canto opinando, que es un modo de cantar». Cafrune, como Yupanqui, no tenía una gran voz, aunque sí grave y potente, que superaba a la de su maestro. La gente iba a oír el mensaje que salía de sus labios. Así fue desgranado Milonga del peón del campo o Yo soy el dueño de todo.En el recital del Colón, además, Cafrune no sólo cantó, sino que recitó poemas, pormenorizó prosa, hizo dúos con Marito y hasta cantó un cuento. Ni que decir tiene que, dada la ideología del autor, el programa de Cafrune había sido revisado previamente por la autoridad gubernativa, asistiendo a cada sesión un representante de la misma.