Esencias de coruñesismo

A CORUÑA

Entre los viejos edificios se levantan modernas construcciones que han servido para repoblar una zona caracterizada por su fidelidad a las tradiciones

01 nov 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

Monte Alto es esencia de coruñesismo. No es un título puesto a la ligera. Es la constatación de la evidencia. Entre la plaza de España, el Matadero y la siempre vigilante Torre de Hércules se esconden los secretos de dos milenios. Porque Monte Alto siempre ha sido guardián de las tradiciones. Desde las modestas plantaciones del Agra de San Amaro, hoy a punto de sucumbir al empuje del cemento, desde los primeros muelles artesanales hasta las moles de hormigón que hoy crecen como setas han pasado muchas leyes, personas y estilos de vida. Pero lo que no ha cambiado desde hace cientos de años es el respeto a las tradiciones. Su Carnaval, por ejemplo, que ha sobrevivido a las prohibiciones y a la desidia del resto de la ciudad hasta convertirse en el paradigma lúdico de un barrio que se vuelca con su fiesta particular. Y hay mucho más. Se oyen aún los tambores de los viejos acuartelamientos militares que hoy se van reconvirtiendo a la modernidad. El cuartel de San Amaro ha cambiado los cetmes por los planos de la Concejalía de Urbanismo. La Policía Municipal ocupa una parcela al pie de Miguel Servet, cerca del cementerio de San Amaro y del Inglés. Sus playas, desde la modesta cala de las Amorosas hasta la del Moro, poco tienen que ver con los abandonados arenales de hace un par de siglos. Dos de los grandes emblemas de la ciudad, el metrosidero, el árbol elegido como símbolo de A Coruña, y la Torre de Hércules, principal objeto de referencia en el resto del mundo, están en Monte Alto. Quizá lo más significativo de Monte Alto sea el carácter de las personas que allí residen. Forman una pequeña comunidad con sus propias reglas y normas de comportamiento. Porque el sentimiento de barrio está aquí más arraigado que en cualquier otra parte de la ciudad. Las casas pasan de padres a hijos y sólo la espectacular subida del precio del suelo obliga a los vástagos de las familias menos pudientes a buscar acomodo en otros puntos del casco urbano o, a lo peor, en la periferia. Pero todos ellos acaban volviendo a las calles de su niñez. El asociacionismo en torno a las peñas recreativas, los tres clubes de fútbol modesto y otras entidades sin ánimo de lucro es otro de los símbolos distintivos de un núcleo que se resiste a perder su identidad en la unificación de estilos que impone el nuevo siglo. Y es que ser de Monte Alto, dicen sus habitantes, es un lujo que no se encuentra al alcance de cualquiera.