Carta triste de la Guerra

Lucía Tenreiro A CORUÑA

A CORUÑA

El Anuario Brigantino recoge la epístola de despedida de Tomás López da Torre en la que narra sus últimas horas, recuerda a su familia y pide que se «eviten represalias»

11 oct 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Hace un par de semanas que Betanzos despertaba con dolor a su pasado. La publicación de la carta de un ex alcalde, Tomás López da Torre, como apoyo documental a uno de los impecables trabajos del número veinticuatro del Anuario Brigantino, sirvió para resucitar el recuerdo triste de la Guerra Civil, y que en Betanzos también dejó capítulos sangrientos que ahora se viven desde la memoria escrita. La capital mariñana de los años de la Antigua República «ben podería dar para escribir un libro», manifestó Xulio López Valcárcel, el intelectual gallego que se encargó de presentar el volumen. Son relatos que, más allá de la tragedia histórica, dejan los nombres propios de los que pagaron con su vida el conflicto fratricida. Cárcel de La Coruña, a 27 de septiembre de 1936. Tomás López da Torre entregaba a su hermano, Bernardo, tres cartas de despedida con esta fecha por testigo. Amigo agradecido, despidió a quienes testificaron en su favor. Político convencido, no dudó en alentar a sus camaradas con vivas finales al socialismo. Padre y esposo por encima de toda condición, su hijo Tomás siente un enorme desgarro interior cuando repasa las líneas que el detenido dirige a su familia. Una vida en común Lo tienen todo en común. O nada. Han llegado a los libros de forma distinta y la herencia del padre ha marcado la existencia del hijo. Tomás López da Torre, el progenitor, fue alcalde de Betanzos en abril de 1936. Sin bandazos, sin ruido ni estrés aparente, este seguidor de Largo Caballero accedía al sillón municipal de la mano del Frente Popular y su sonado triunfo del 16 de febrero del año de la guerra. López Loureda es, además de Tomás o do Galo, el vivo recuerdo de su padre. Él prefiere no perdonar. Porque no olvida y «porque los que aseguran haberlo hecho son unos hipócritas», sentencia. Tomás López no se anda con rodeos. No tiene pelos en la lengua, aunque confiesa que todavía mantiene destrozado el corazón. Contaba 13 años cuando la guerra le arrebató a su padre. A cambio le entregó, a las puertas de su propia casa, una masa enarbolada que les gritaba entre insultos: «Rojos al paredón», recuerda. Maniobra política La maniobra política de su padre casi le costó la vida, porque Tomás no dudó en militar en las filas comunistas en cuanto tuvo uso de razón. La herencia del progenitor es demasiado grande. La lleva muy dentro. En octubre del 2002 no cree en la política. Por lo menos, en la actual, y aunque asegura «no tener nada en contra de nadie», considera que «hoy no hay ideales como antes». La publicación de la carta escrita por su progenitor antes de ser fusilado, transcurridas varias décadas tras haber accedido a ella, le permite despojarse de muchos recuerdos, sobre todo del que lo sitúa del brazo del alcalde paseando por las calles de Betanzos. Imagen irrepetible, personal, que en el contexto de la Guerra Civil cobra el valor público de lo que representaba la libertad perdida, entonces, y recobrada ahora. Un paseo imposible hecho realidad con el testimonio de Tomás López da Torre.