«Tome declaración al cadáver»

J.R. Gómez-Aller A CORUÑA

A CORUÑA

JOSÉ TOMÁS

Dos periodistas reúnen en un libro las situaciones más sorprendentes del ámbito judicial La obra será presentada hoy en el Colegio de Procuradores

11 sep 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

A Un juez que firma una orden de busca y captura contra sí mismo; una mujer que rocía a un magistrado con leche materna para demostrar su reciente parto; un juez que cita como testigo de un homicidio al propio muerto; una señora que intenta meterse dentro del aparato de rayos X de la audiencia de cuerpo entero, en vez de pasar solamente el bolso... Si los guionistas de la serie norteamericana Juzgado de Guardia hubiesen conocido los tribunales españoles, habrían podido rodar por lo menos dos docenas de capítulos más. «A pesar de las togas, los jueces y fiscales siguen siendo humanos. Es normal que tengan un lapsus, o un día tonto. También nos pasa a nosotros», explica Javier Ronda, uno de los dos periodistas que escribieron este libro. «Lo que hicimos Jorge Muñoz y yo fue concentrarlo en 230 páginas, en un libro que recogiese las anécdotas más simpáticas, que consiguiesen acercar el mundo judicial a la gente». La obra, De juzgado de guardia , se presenta hoy, a las ocho y media de la tarde, en el Colegio de Procuradores. Estas son algunas de sus anécdotas más divertidas: Busca y captura Los autores relatan la sorpresa de un juez de Tarragona al que, al salir de su hotel de vacaciones fuera de Cataluña, le estaban esperando dos policías. «Hay una orden de busca y captura contra usted, cursada por el juzgado... de Tarragona. Y ahora, por favor, acompáñenos a la comisaría», le espetaron. De juez a reo fugado hay sólo una firma. «¡Eso es imposible! ¡Yo soy el juez de ese juzgado!», respondió. El magistrado había firmado una orden de busca y captura contra él mismo, tras confundir su nombre con el del acusado. Leche materna También narran lo ocurrido hace años en un juzgado onubense: el magistrado accedió a que entrase en la sala la esposa de un detenido que iba camino de la cárcel. Tras la mujer, que llevaba un bebé en brazos, entró un grupo enorme de niños. La señora rogó al juez que no enviase a su marido a prisión, porque era necesario para alimentar sus pequeños; el juez, convencido de que se trataba de un engaño, le acusó de mentirle y aseguró que el bebé no era suyo. El enojo fue tal que la madre del niño probó su afirmación acercándose al magistrado y rociando su rostro con un chorro de leche materna. Citación a un muerto «Sólo faltaba el perito medium », ironizan Ronda y Muñoz en el libro sobre otro de los casos, en el que un juzgado citó como testigo de un homicidio a la propia víctima. «El mecanismo de la Justicia es muy complejo, y en lo tocante a errores siempre tiene muchas posibilidades de superarse a sí mismo», apuntan los autores en el libro. Harry T. Stone, el magistrado protagonista de Juzgado de Guardia , lo tendría muy difícil para superar los capítulos, esta vez reales, narrados por Javier Ronda y Jorge Muñoz.