Mi vecino es un demonio

Alberto Mahía A CORUÑA

A CORUÑA

Los juzgados recibieron en lo que va de año cuatro denuncias contra «incómodos» propietarios La ley contempla prohibir el uso de la vivienda hasta tres años a los infractores

05 sep 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Un vecino de la ronda de Outeiro se hace pis en las escaleras. Se lo permiten porque el último que le reprendió hizo de su puerta un retrete. Hay otro en Padre Sarmiento que desafía al vértigo y lo hace desde su ventana. Este par de meones están a un tris de ser obligados a abandonar el domicilio durante tres años, tiempo máximo que contempla la Ley de Propiedad Horizontal para desalojar a un vecino que vaya contra la buena convivencia. «¿Qué ocurrirá cuando regrese a los tres años? Seguro que llegará más enfadado y nos hará la vida imposible». Quien habla es un presidente de comunidad de vecinos, que puso su firma para echar del edificio a un inquilino «y no hay modo de que se vaya porque la Justicia va lenta». En lo que va de año se llevaron a los juzgados cuatro denuncias del estilo. Familia numerosa Una de ellas va contra toda una familia. ¡De catorce miembros! Sus vecinos viven pared con pared con una manifestación. Sin megáfono pero con catorce gargantas, que lo mismo bailan un zapateao a las tres de la madrugada como lanzan la basura desde la ventana. Ocurre casi todos los días en la avenida de Gran Canaria. Muy cerca de allí, en el barrio de Labañou, los propietarios de un edificio se sientan en el sofá como en la silla de un barbero, sin moverse. Cualquier ruido despierta el genio de la señora del tercero, que lo mismo le da responder con fuego el barullo de un televisor, que tirarle piedras a la ventana del que ponga la lavadora a las nueve de la noche. Quejas radiofónicas A una oyente de Radio Voz las vecinas le metían parrochitas en el buzón. Cuando no se daban golpes contra la pared y la culpaban a ella de agredirlas. Confiesa la afectada que la del tercero, la del quinto y la del séptimo no soportaban verla con minifalda, «se retorcían de envidia». Y como quiera que esta mujer no se tapaba, su tormento duró los 18 años que vivió en aquella casa. Cansada de aguantar, de sentarse en el banquillo de los acusados por denuncias falsas, se mudó de casa. Y nunca más. Esta oyente resumió su infierno en el programa Voces de A Coruña . Su conductor, Pablo Portabales, abrió ayer los micrófonos para escuchar el infierno que padecen muchos coruñeses: Los malos vecinos. Otro oyente llamó para decir que sí se lleva bien con todos sus vecinos. La razón: «Vivo solo en el edificio». Pero matizó que la tranquilidad se evapora en verano, que es cuando aparecen. Viven en Madrid y no están dispuestos a gastarse un céntimo en los arreglos. Este joven de Sada es la envidia de otra oyente. Lamenta esta mujer que en 1991 adelantó 20.000 euros para realizar obras en el edificio (sus vecinos pasaban por un momento de ahogo económico) y hoy todavía espera. «Me dijeron entonces que en cuanto la comunidad tuviera dinero, me lo devolverían. Lo malo es que nunca tiene dinero», dijo.