Balas, píldoras y lunas rotas

Juan R. Gómez-Aller A CORUÑA

A CORUÑA

La policía halló ocho cajas de pastillas, «de las que se usan durante los tratamientos psiquiátricos», en el coche del detenido a tiros tras una persecución por la ciudad

29 ago 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Seis disparos para frenar a un Mercedes 300. La espectacular persecución que antes de ayer concluyó con un pequeño reguero de casquillos de bala frente al Palacio de Congresos, tomó ayer un nuevo rumbo después de que fuentes policiales confirmasen un dato que podría aclarar algunos de los misterios que rodean al suceso: los agentes encontraron ocho cajas llenas de pastillas, «de las que se usan durante los tratamientos psiquiátricos», en el coche del detenido, así como diversas recetas para la obtención de este tipo de medicamentos. El arrestado, un marroquí de 31 años y de iniciales A.A., se negó a someterse a la prueba de alcoholemia, y rechazó colaborar con el personal médico del Canalejo, a donde la policía le llevó para que se le realizase el correspondiente reconocimiento médico. Nacido en Tánger pero residente en Francia, el detenido conducía un Mercedes 300 negro de matrícula francesa 8019 TN 94. Pequeño accidente Un Mercedes 300 negro que, minutos antes de ser agujereado, rozaba la chapa de un Chrysler Voyager frente al hotel NH Atlántico. El conductor del Voyager, un turista valenciano, hizo señales al coche para que se detuviese, pero el marroquí las ignoró y aceleró la marcha. Decididos a solucionar la situación, los ocupantes del monovolumen decidieron seguir al Mercedes. La berlina aceleró bruscamente e intentó desembarazarse de los valencianos escapando por direcciones prohibidas, y golpeó a su paso a otros dos turismos. El capítulo final de la escapada comenzó en la calle Palomar. Allí las sirenas de la Policía Local transformaron, poco antes de las diez y media de la noche, su fuga en una persecución. Los agentes le siguieron hasta la altura de la ronda de Nelle. Allí el coche frenó, momento que aprovecharon los policías para bajarse del vehículo y pedir que saliese del coche. Intento de atropello El Mercedes giró entonces en redondo, y se lanzó en dirección contraria contra uno de los policías, al que intentó atropellar en repetidas ocasiones. Después de golpearle en una pierna, esquivó el control y aceleró. Ese fue el último acelerón del 8019 TN 94. Los agentes desenfundaron sus pistolas Glock y dispararon, cuatro veces, contra las ruedas del vehículo. El sonido de los tiros llenó de cabezas las fachadas próximas, que fueron testigos del desenlace. Ante la negativa del marroquí a bajarse del coche, ya quieto, un policía tiró a bocajarro contra una de las ventanillas; el sofisticado sistema de seguridad del vehículo impidió que los agentes pudiesen acceder a él, así que para abrir el coche se vio obligado a repetir el disparo, esta vez en una de las ventanillas delanteras. Esa fue la última detonación, el punto y final para A.A. antes de sufrir las esposas y los barrotes del calabozo de Lonzas.