«La cárcel enseña a escuchar»

Rubén Ventureira A CORUÑA

A CORUÑA

GUSTAVO BUENO

El «príncipe azul gitano», que está en régimen de tercer grado desde el pasado marzo, promociona su disco «Jugando al amor», en el que fusiona el flamenco con el pop

20 ago 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Hoy no dormirá en la cárcel. Alejandro Sanz gitano actúa esta noche a la orilla de Riazor. Da las gracias a la Justicia por ello, que le concedió el régimen de tercer grado en marzo, tras cinco meses de encierro. Tiene que pasar la noche en la prisión cuando está en Madrid, donde vive. Si sale de gira, le conceden «un permiso por horas», explica. José el Francés (Montpellier, 1971) fue condenado a nueve años de cárcel por tráfico de drogas. Siempre ha defendido su inocencia. La policía lo detuvo en 1997 cuando conducía un coche cargado con cuatro kilos de heroína. Asegura que el vehículo se lo prestó un (presunto) amigo: «Me hizo una encerrona y después pegó el chivatazo», relata. -Cuando le concedieron el tercer grado, declaró que tenía mono de escenario. Con la gira avanzada, ¿ya lo ha aplacado? -El mono no me lo quitaré nunca. Mi vida está ahí, encima de un escenario. No en la cárcel. ¿No dicen que es para reinsertar, para reordenar? Pues a mí me está desordenando. Estoy rehabilitado y he pedido el indulto. Lo tengo todo en mi vida y no tengo necesidad de delinquir. No tengo más antecedentes, ni siquiera he robado un trozo de chorizo en el Pryca, ni eso. -¿Está sintiendo el apoyo del público? -El lunes pasado, Rosario y yo tocamos en Laredo ante 120.000 personas, y la gente me mimó a muerte, como ha pasado durante toda la gira. «Estamos contigo José, sigue adelante, que eres un pedazo de genio», me gritan. -Vaya pareja que se ha buscado, Rosario Flores. -Qué espíritu tiene. Al final salimos juntos. Y también mi mujer. Nos pegamos unas pisadas, unos taconeos. Galicia va a disfrutar mucho. -¿Ha vuelto a componer? -Cositas. En marzo, si Dios quiere, grabaré nuevo disco. Será el quinto. El cuarto, Jugando al amor , está rozando el disco de platino. Está muy bien ahora que hay tanto imitador suelto y tanta piratería. -¿Se aprende algo en la cárcel? -(Se embala) La cárcel enseña a escuchar. Aprendes a valorar lo que tienes. A cuidar de uno mismo. En la cárcel he aprendido que el tiempo es oro. A valorar a mi familia. ¿Sabes lo que te digo? Que ahora estoy hablando contigo y Lucía, mi hija de quince meses, me está abrazando. Pon ahí que los hijos, amigo, son lo más grande del mundo. -¿Cuántos tiene? -Cuatro. ¿Puedo contarte algo más? -Sí, claro... -Fuera drogas. La vida es demasiado bonita como para desperdiciarla con ella. Yo ya no fumo ni porrillos. En la cárcel he llorado y le he pedido mucho a Dios. Están dándome la oportunidad que me merezco.