Vida y muerte de Miguel Borja

La Voz

A CORUÑA

CÉSAR QUIAN

13 jun 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

A Miguel Borja lo trasladaron de módulo y no había ni deshecho las maletas cuando le perforaron el pulmón con un cuchillo hecho a mano. El ataque que lo dejó seco en el patio de la prisión de Teixeiro se produjo el 20 de septiembre del 2000. Quien le hundió en el cuerpo un punzón de medio metro de largo fue otro recluso, apodado Arrebatos. Lo hizo por venganza. Tres meses antes, Miguel le había clavado a él un objeto punzante en la espalda mientras comía. Arrebatos lo esperó. Y lo encontró. La dirección de Teixeiro decidió poner tierra de por medio entre uno y otro. A Miguel lo enviaron a un módulo y a Arrebatos a otro. Para que no se matasen. ¿Por qué los juntaron de nuevo? La pregunta es de Asunción Borja, la hermana de Miguel. Culpa a la dirección del centro penitenciario de Teixeiro de negligencia, «pues debió haberse dictado una orden de incompatibilidad entre ambos presos, y la junta de tratamiento nunca debió autorizar el traslado de Miguel al módulo donde se encontraba el hombre que lo mató, dado el riesgo de que se produjera una pelea». Miguel Borja murió con 21 años. Cumplía una condena de tres años por robos en coches y le quedaban unos meses para recuperar la libertad. Quien lo mató, José Sánchez, alias Arrebatos, está en prisión por varios robos con violencia y, posiblemente, continuará muchos años más por dar muerte a Miguel. Arrebatos no era el dueño del arma. Ni su inventor. Quien serró un barrote de una celda, lo afiló contra una pared y lo hizo sable (el apero de matar tenía un filo de 27 centímetros) fue otro recluso, que no sólo aportó el objeto, sino que obligó a Arrebatos a utilizarlo contra Miguel, bajo la amenaza de que si no se lo clavaba, el que iva a salir con los pies por delante iva a ser él, según algunos testigos. Una hora en el módulo El crimen ocurrió a las siete y media de la tarde, una hora después de que Miguel Borja fuese trasladado al módulo de presos peligrosos. La víctima, nada más tomar posesión de su celda, fue al patio a estirar las piernas. Allí se encontró de frente con José Sánchez. Éste le atacó, produciéndole cortes en el labio, en la mejilla, en un párpado, en varios dedos, en el antebrazo y una herida en el pecho, que fue la que terminó con su vida. La hermana del fallecido asegura que hubo negligencia por parte de los funcionarios a la hora de atender al herido. «Tardaron en atenderlo», dice. Miguel Borja murió en la ambulancia.