Secuestrados por las puertas

La Voz

A CORUÑA

JOSÉ TOMÁS

Tres personas se quedaron encerradas anteayer en sus viviendas en la zona de O Burgo Cuando una puerta se cierra, es posible que no pueda volver a abrirse. Al menos sin ayuda de una ganzúa o un destornillador. Quedarse encerrado en el salón o en el baño es algo común en muchos edificios de la comarca. Las roturas inesperadas de los picaportes o la escasa separación entre el marco y la cerradura pueden provocar que las puertas se queden atoradas. Anteayer en A Coruña los cerrajeros tuvieron un día ocupado. Una de sus salidas fue para liberar a una mujer «secuestrada» en el salón.

12 jun 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Son las diez de la noche. Las tripas comienzan a crujir. Entre el salón y la cocina median dos metros, una puerta que no abre y varios intentos frustrados de forzar la manilla. La fuerza bruta no sirve para aflojar el pestillo, ni para romper el cristal con la pata de una silla. Cinco golpes secos, pero todo se queda en mucho ruido y pocas nueces. El cristal no tiene ni un rasguño y, como más vale maña que fuerza, será mejor desmontar la cerradura. Pero la puerta se resiste. La solución, el móvil ¿Podrá el móvil romper las rejas de esta prisión? Llamada a una vecina, que avisa a los bomberos. Pero éstos no pueden salir y telefonea a la policía nacional. Los agentes se movilizan y tranquilizan a la secuestrada. «Le llamamos del 091, usted no se preocupe que la vamos a sacar. Una pareja va para su domicilio de inmediato», dicen mientras siguen la conversación con la encerrada. Cinco minutos más y suena el timbre. «Estoy aquí», grita la encerrada desde el salón. Suena el teléfono móvil. Los agentes de la policía nacional se sitúan al otro lado de la puerta e indican a la víctima del encierro lo que debe de hacer: «Vuelva a llamar al cerrajero y dígale que esperamos en la carretera para indicarle el número del piso».