La inserción laboral en empresas de las personas con minusvalías continúa siendo anecdótica No basta con que la Constitución reconozca el derecho a un trabajo. La letra, aunque sea con mayúsculas, se queda a menudo en el papel y el mercado sigue pensando que competitividad no casa con discapacidad. Casi anecdóticos continúan siendo los casos de las personas con alguna discapacidad que acceden al trabajo en condiciones ordinarias y, cuando es así, casi siempre se encuentra detrás la lucha organizada no gubernamental. Colectivos de afectados, fundaciones y entidades sociales tratan de tapar los agujeros de un mundo, el laboral, en el que la igualdad de oportunidades continúa siendo una máxima teórica.
16 may 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Discapacidad no es sinónimo de incapacidad. Ese es el lema de las entidades que en A Coruña trabajan por lograr la inserción de las personas con trastornos Pero la inserción, recuerdan constantemente, pasa por procurar llevar a cabo una actividad laboral remunerada. El Ayuntamiento de A Coruña, en concierto y cofinanciación con la Fundación Paideia, lleva a cabo diferentes iniciativas que tienen como objetivo la integración en el mundo del trabajo, reunidas en el proyecto Antear. Se trata de facilitar el acceso a un empleo ordinario en una empresa. No obstante, esta vía continúa siendo una asignatura suspensa de la sociedad: aunque cada vez menos, es minoritario el grupo de personas con discapacidades que accede al trabajo regular y estable. A pesar de que la misma legislación establece incentivos para la contratación laboral de estos colectivos, la puerta está, si acaso, tan sólo entreabierta. Sin embargo, y en cierto modo como medida alternativa, en los últimos años se han consolidado opciones laborales en centros especiales de empleo y talleres ocupacionales donde los trabajadores reciben un sueldo y, lo que adquiere tanto o más valor, ven comercializado el resultado de su esfuerzo. En la ciudad, alrededor de cien personas con discapacidades forman parte de estos recintos, impulsados por entidades como la Asociación Pro Enfermos Mentales, Aspronaga (Asociación Pro Personas con Retraso Mental de Galicia), la Asociación de Padres para la Formación de Jóvenes Límite, la Fundación Adcor, la Asociación Coruñesa para la Promoción del Sordo y la Asociación para la Integración del Niño Disminuido. De estos talleres y centros dependen numerosos productos, desde escayolas a artículos textiles o polvorenes en Navidad, y servicios comunes, como arreglos de jardinería, tareas de limpieza o trabajos de restauración. A estas iniciativas de empleo cabe sumar decenas más dedicadas a la formación laboral de los afectados, que se multiplican en la práctica totalidad de las entidades y ONG promovidas por personas anónimas, en su mayoría, preocupadas por el futuro de los colectivos de personas con discapacidades. La oferta es dispar, adaptada a la demanda y ajustada al pronóstico laboral: desde cursos de informática hasta formación profesional específica en oficios.