El uso de explosivos en una obra atemoriza a los vecinos de dos edificios en As Conchiñas

A CORUÑA

CÉSAR QUIAN

Los afectados presentarán una denuncia ante el Ayuntamiento tras descubrir las primeras grietas en sus casas A los vecinos de la calle Laracha, en As Conchiñas, no les hace falta despertador. Cada mañana se levantan entre los temblores propios de las explosiones que una obra en un solar de esa misma vía registra. Esta situado entre los números tres y nueve. Su subsuelo es de roca pura y sólo la dinamita parece capaz de generar el hueco en el que asentar tres plantas de aparcamientos. Mientras, en los inmuebles contiguos los vecinos admiten sentirse aterrorizados. Las grietas han empezado a multiplicarse en las paredes del resto de los edificios y por la mente de sus inquilinos sólo pasa la probabilidad de verse en la calle, como ocurrió en Novoa Santos.

02 may 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Para evitar posibles consecuencias irreparables, una comisión de afectados presentará hoy mismo en el Ayuntamiento un escrito solicitando una inspección municipal de los trabajos. La promotora ha colocado un cartel en el que los datos parecen ajustarse a la legalidad. Su licencia data del 17 de abril del año pasado y en ella se recoge el permiso municipal para construir tres plantas subterráneas, un entresuelo, cinco alturas y un bajo cubierta. Y los vecinos aceptan que esa circunstancia sea legal urbanísticamente hablando, «aunque en el número 3 sólo haya tres plantas», como matiza un vecino de la calle. «El problema surge cuando se analiza el modus operandi de la empresa constructora. Incluso uno de los responsables de la cuadrilla llegó a decirle a mi hija que era recomendable salir de la casa durante las explosiones», explica una de las afectadas. A ella, como a Maruja, les cuesta acostumbrarse a los sobresaltos de la pólvora. Y más cuando éstos vienen acompañados de molestas grietas. En su casa ya han aparecido las primeras. «Varios azulejos se han roto y la pintura empieza a caerse», explica mientras señala algunos de los lugares de la casa donde los daños empiezan a ser más evidentes. Su caso no es el único. «Fíjate que potencia utilizan en los barrenos que hasta la cristalería de la esquina ha sufrido daños», explica Maruja. Y en el comercio, Teresa le da la razón. «Acabamos de reformar el techo hace apenas tres meses y la escayola está empezando a agrietarse», explica la dependienta. Claro que ese no es el único síntoma. «Cada explosión produce un movimiento en todos los productos aquí expuestos. Algunos clientes incluso salen corriendo de la tienda», añade. Para todos ellos, el principal temor es un desplome. Entre los inmuebles 1 y 3 se aprecia ya una pequeña separación. Desde la acera de enfrente, uno de los vecinos recuerda el reciente episodio de Novoa Santos, donde una treintena de personas tuvieron que ser desalojadas para apuntalar la estructura. «Que el Ayuntamiento tome medidas, que aún estamos a tiempo de evitar una desgracia», reclama el afectado.