El fiscal cree que la chica, de 15 años, no opuso resistencia, pero fue víctima de engaños Acusado y víctima se conocieron en noviembre de 1999. Ella, de 15 años, se había escapado de casa y él, de 50, le ofreció cobijo en el bar de su propiedad. Y allí se fueron. El hostelero se enamoró, confesó que sentía amor. Por eso la cortejó y ella «se me entregó». La víctima lo niega. Admite que durmió con él, la penetró dos veces y luego escuchó música. El fiscal sospecha que la joven no opuso resistencia, pero el procesado utilizó engaños para acostarse con ella. Por eso pide 8 años de cárcel por dos delitos de abusos sexuales.
24 abr 2002 . Actualizado a las 07:00 h.El fiscal cree que aquella noche del 12 de noviembre de 1999 el acusado no violó a nadie, pero sí empleó engaños para mantener relaciones sexuales con una menor. Y eso tiene un precio: ocho años de cárcel. «No se puede hablar de agresión sexual, sino de abuso sexual», dijo. La diferencia está en la resistencia que opone la víctima al agresor. Y la oposición de la menor no pudo ser considerada lo suficientemente contundente como para calificar los hechos como una violación. La chica, de 15 años, estaba sentada en un banco cercano a la Casa del Hombre a las once y media de la noche del 12 de noviembre de 1999. No quería ir a casa. Tenía miedo a la reprimenda paterna por llegar tarde. En aquel momento apareció por el lugar Manuel R.?A. Le extrañó la presencia de una chica con uniforme escolar a horas tan intempestivas, por lo que decidió acercarse y entablar conversación. La joven le confesó que no quería regresar a su casa y él le ofreció un techo, un lugar en el que pasar la noche: su bar, en el número 4 de la calle Huertas. Ella accedió. Una vez en el establecimiento, el procesado la invitó a tomar una copa. Luego, según la versión del acusado, «comencé a sentir sentimientos auténticos hacia ella, la quería, a pesar de la diferencia de edad. Entonces la cortejé y ella se me entregó. La besé en la boca y la chica no se resistió». Tras los tocamientos, el procesado jura que la menor se quitó la camisa y que la penetró, «sin problema alguno». Después, el procesado le dijo que había una cama en el piso superior. Y allí se fueron. La joven fue al baño y el hombre se acostó. Cuando salió del servicio, «me dijo que estaba acostumbrada a dormir sola, pero la convencí de que se acostará, cosa que hizo. Entonces nos besamos, me puse encima y abrió las piernas. Lo hicimos dos veces». A la mañana siguiente, el procesado abrió el bar. Y al mediodía subió a despertarla. «Le di mil pesetas para comprar comida, quedamos en volver a vernos y se fue», concluye el acusado.