El concierto del compositor y director polaco atrajo a cientos de aficionados a la música de vanguardia El Palacio de la Ópera habló ayer en el particular lenguaje musical de Krzysztof Penderecki. El compositor polaco, que abrió el concierto con Shostakovich, sorprendió al auditorio con el ritmo y la percusión de su «Tercera sinfonía». El maestro dirigió a una OSG vestida de puro vanguardismo.
15 mar 2002 . Actualizado a las 06:00 h.El Palacio de la Ópera se llenó ayer para escuchar la música de Penderecki, viejo conocido en A Coruña, donde ya actuó en 1998 para dirigir a la Sinfónica de Galicia. Ni un melómano quiso perderse el décimoquinto concierto de temporada de la OSG, patrocinado por Gadis y protagonizado por una de las leyendas vivas de la música. Capaz de «descolocar» al amante de la clásica más tradicional por sus partituras de marcado carácter experimental, el compositor, último Príncipe de Asturias de las Artes, recibió una gran ovación nada más pisar el escenario. Encargado de la batuta del recital, arrancó -sólo con cinco minutos de retraso- con la Novena sinfonía de Shostakovich, una pieza dramática, pero con referencias circenses en la orquestación a base de saltos del trombón y redobles de la caja. Tras el descanso, Penderecki ofreció al público la tercera de sus sinfonías, escrita en homenaje a autores como Mahler y Bartok. La obra convirtió a los músicos de la OSG en intérpretes de la vanguardia sonora. La Sinfónica desplegó todos sus instrumentos para ejecutar la obra. En el Palacio de la Ópera sonaron flautas, oboes, trompas y tubas, pero también tamtames, bongós, cencerros, látigos y caja china. La riqueza tímbrica de la sinfonía de Penderecki arrancó el aplauso final del público.