Vértigo de plataformas

La Voz

A CORUÑA

KOPA

PABLO PORTABALES EL PULSO DE LA CIUDAD

14 feb 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

PLATAFORMAS, pelucas, plumas y brillantina. Visto así, parece que el Carnaval no acaba de despedirse, sin embargo, todos estos complementos fueron los que desfilaron por el escenario de la discoteca Chevalier durante la tercera edición del concurso de drag-queens. Este año, la cosa estuvo muy disputada puesto que, por primera vez, se presentaron trece participantes. Alguno, incluso, jugó con fuego. Y nunca mejor dicho, porque su espectáculo y coreografía se completaba con un original juego de llamas, que a punto estuvo de dejar chamuscado a más de uno. Al final, las 30.000 pesetas (180,30 euros) del galardón fueron a parar a manos de Ámbar, su nombre de batalla, una drag que se presentaba por segundo año al concurso con un diseño muy futurista. CERCA DE dos horas le cuesta estar así de impactante y me cuenta que, al principio, empezó por hobby pero que, gracias a la ayuda de una amiga maquilladora y de fijarse mucho, ha ido experimentando y adaptándose a las nuevas tendencias. Sin duda, lo ha conseguido, no hay más que verla. LOS QUE no necesitaron subirse a unas plataformas para irse de viaje por las alturas fueron los niños que ayer participaron en el Tren da lingua. La vía 1 de la estación de San Cristóbal no era la 9 y medio de King''s Cross, pero también se llenó de pequeños viajeros. De eso se encargaron Caixanova, Renfe y la Xunta que, uno año más, organizan este Tren da lingua para que 16.000 niños de toda Galicia puedan realizar una excursión en ferrocarril, animada por payasos que relatan un cuento en gallego. Ayer les tocó el turno a cerca de doscientos pequeños, que viajaron desde A Coruña a Betanzos. Algunos nunca se habían subido a un tren. Para la mayoría fue un día lleno de vías y magia. Como en King''s Cross. EL QUE SÍ ha recorrido muchos kilómetros cargado de maletas, aunque no en tren, es Jesús Ramos, uno de los empleados más antiguos del hotel Riazor, que ayer recibió el homenaje de despedida que le ofrecieron sus antiguos compañeros. Después de 38 años, los mismos que hace que se abrió el establecimiento hotelero, Jesús se jubila y deja atrás millones de anécdotas de su trabajo como mozo de equipajes. Para que no se olvidase de todas estas vivencias, sus amigos le entregaron una placa de recuerdo que seguro pondrá en un lugar especial.