La receta de Serafina

La Voz

A CORUÑA

SUSANA BASTERRECHEA AL DÍA Una coruñesa de 92 años lleva más de sesenta elaborando las tradicionales orejas de Carnaval Las orejas, las de comer, se quitan la careta. Serafina Aneiros desvela su secreto, que no sólo está en la masa. «Necesitan mucho amor y un poco de maña», cuenta. Le faltan «ocho para llegar a cien» y lleva más de seis décadas con la sartén a punto cada Carnaval. El dulce le sale «al dente», pero las aspirantes el viernes al premio a las mejores orejas, organizado por Radio Voz y patrocinado por El Corte Inglés, pueden estar tranquilas. Serafina no se presentará al concurso.

29 ene 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

Serafina no sólo mantiene el buen humor, también es un dechado de humildad. Pese a endulzar el Carnaval durante años a familia y amigos, aún asegura que «habrá quien haga las orejas mejor que yo». Lean y prueben. La receta, heredada de su madre, se mantiene inalterable desde 1940. Con poca sal. Serafina bate cuatro huevos, «de corral, ¡eh!», y les echa una pizca de sal. «Sólo un poquito. Lo dulce no quiere lo salado», avisa. También añade la ralladura de un limón, 125 gramos de mantequilla al baño maría y un chorro de leche. Anís, pero «de marca». Medio vaso, de los de vino, y no vale «del corriente». La levadura, una pizca «del tamaño de una castaña» y de la panadería, nada del paquete del supermercado. «La materia prima es importante», asegura. La harina, 600 gramos y de repostería. Amasar a conciencia. Nada menos que cuarenta y cinco minutos. «Cuando la masa ya camina por la mesa, hay que envolverla en un paño blanco y dejarla reposar dos horas». Nuevo masaje para la masa -esta vez más corto que el anterior-, cortarla en pedazos y a estirar cada uno de ellos con la ayuda de un rodillo. A la sartén. El aceite de oliva en cantidad, para que la oreja flote a gusto dentro de la sartén. «Que esté caliente, pero sin quemarlo», aconseja Serafina. Se fríen de una en una, «para hacerlas bien no hay que apurar», y hay que cambiar el aceite con frecuencia. A la mesa. Las orejas se retiran de la sartén y, muy importante, se colocan sobre un paño blanco y por separado. No se pueden amontonar hasta que estén frías. La cocinera les espolvorea azúcar «normal, no molido», pero eso ya lo deja a gusto del consumidor. Una vez en la mesa, «a chuparse lo dedos, a mí me encantan». Serafina también hace filloas, pero ésa es otra historia.