«Los pacientes me emocionan»

La Voz

A CORUÑA

ROSA D. SEOANE LA ENTREVISTA José Manuel Segura Domínguez, médico de cabecera Es un coruñés de María Pita que pateó la Galicia rural maletín en mano y escuchó la España profunda con un fonendo. En casi 40 años ayudó a nacer a la luz de las velas y a bien morir cuando ni toda la tecnología es capaz de vencer demencias. Algunos de sus enfermos añorarán sus charlas sobre toros y otros, su vocación de cronista. Además de médico y dentista, José Manuel Segura es periodista. En la jubilación, sus recuerdos retratan la distancia ¿poco? terapéutica entre ayer y hoy, entre el campo y la ciudad.

11 ene 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

Su último destino ha sido el consultorio de San Vicente de Paul, en la Torre. Junto a un equipo al que asegura «estar muy agradecido», José Manuel Segura despide casi cuatro décadas de ejercicio profesional. -¿Por qué se hizo médico? -Recuerdo que de niño en mi casa había un respeto venerable al médico. Cuando don Manuel Corredoira Silva venía, se enceraba el suelo, se sacaban las mejores toallas... era casi como recibir al rey. De pequeño, la única vez que me disfracé fue de médico. -La experiencia le demostró que los médicos no siempre pisan alfombras. -Empecé a estudiar en Santiago, seguí en Zaragoza y terminé en Santiago porque me eché novia aquí. Al terminar, trabajé con el equipo de Bengoechea, el que introdujo la anestesia general en Galicia, en el que hoy es el Materno. Pero yo lo que quería era casarme y sabía que si tenía una plaza de pueblo, tenía para mantener a mi familia. Y me fui de médico rural. Fue duro. -Épocas difíciles. -Era el año 65 y en Toledo. Lo peor del franquismo, por mucho que digan, se vivía en los pueblos, dominados por caciques de tres al cuarto. No había ni coche, ni moto. La visita a domicilio la hacía en un carro tirado por un burro. Allí conocí las plañideras de verdad, las pagadas. -¿Galicia era diferente? -No volví hasta el año 73. Estuve en Pontedeume, Fisterra, Miño, Laracha. No hace tantos años, pero atendí partos con velas. Siempre he tenido buenos enfermos, en todos los sitios, pero como los de los pueblos gallegos no he visto. Me emocionan los pacientes, se pasan en el reconocimiento al médico. -Las cosas han cambiado. -Y mucho. Alucino con los avances. Antes la gripe eran diez días con 40 de fiebre. Ahora hay antibióticos y un arsenal de medicamentos.