REALIDADES

La Voz

A CORUÑA

ÁNGEL PADÍN PLAZA PÚBLICA

27 dic 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

Uno hubiese querido tener estos días la pluma de un buen y sensible cuentista (en su acepción del que escribe cuentos) y narrar un acontecer de la Navidad que llegase muy adentro del espíritu. No es ello posible por la simple razón de que no soy cuentista (en la mentada significación) y dudo que llegara muy adentro de las personas si intentara tal tarea. Sin embargo, observaba el otro día en la televisión escenas tan dramáticas sobre la actualidad del mundo, como la situación en Argentina, la guerra en Afganistán o los conflictos entre palestinos e israelíes que me han llevado, desde nuestro rincón coruñés, no a escribir un cuento navideño, sino a mostrar una realidad que, como ya es sabido, siempre supera la ficción. Y da la casualidad de que en los señalados enfrentamientos entre seres humanos dos de ellos afectan a nuestra tierra: el de Oriente Próximo por nuestra condición de cristianos y el de la república Argentina porque allí todos los españoles son gallegos. Nombres tan entrañables como Belén o Nazareth, repletos de recuerdos en nuestras mentes cuando se nos explicaba el significado del nacimiento de Cristo y su sacrificio en aras de la no violencia, del respeto a las personas, del amor al prójimo, de la comprensión y del compartir todo con nuestros semejantes, nombres que nos llenaron de ilusión un día, hoy son símbolo de barbarie y desencuentro. ¿Cómo es posible dilapidar tan aceleradamente todo el bagaje de nuestra civilización cristiana? Un salto a la otra orilla, a la americana, y vemos con horror que gentes honradas de un país rico se ven en la necesidad de acudir a la violencia para llevarse un necesario alimento a su boca. Todo ello en tiempo de Navidad, cuando el hombre debe ser más fraterno. Todo ello a causa del egoísmo de unos pocos que trasladan sus riquezas a otros países para disfrutarlas en solitario. Malos tiempos navideños para nuestros compatriotas en Argentina y tristeza porque precisamente estos días se reúnen las familias y los amigos para conmemorar el nacimiento de quien repudió a quienes no compartían sus riquezas y en una parte del mundo muy querida se prestan a llorar a los muertos por la violencia, a requerir un apoyo que les permita llevarse un pedazo de pan a la boca o que les haga desesperarse porque ni siquiera ese sagrado pan pueden dárselo a sus hijos. En suma: cuentos de Navidad, no; hechos reales que nos producen escalofríos al conocerlos. redac@lavoz.com