Francisco Vázquez regresa de China con hambre de cocina autóctona y con un trofeo de cristal en la maleta No pudo ser en Alvedro, uno de los símbolos del «vazquismo», sino en Lavacolla. En territorio «infiel» se posó el avión de la expedición coruñesa a China. Regresó Vázquez de su periplo con un trofeo de cristal y «muchísimas» ideas en la maleta. «De lo que tengo ganas es de comer una tortilla de patatas», espetó.
12 dic 2001 . Actualizado a las 06:00 h.Con ansias culinarias aterrizó en Compostela el equipo de gobierno de A Coruña. La gastronomía china no pareció satisfacer unos paladares que demandaban sabores enxebres y hasta castizos. A la clásica tortilla que reclamaba el alcalde se sumaban menús como los callos, el lacón con grelos o un cocido. Nada de rollitos de primavera. Las millas pesaban en los rostros de la expedición coruñesa a China, donde la ciudad cosechó el premio Nations in Bloom en la categoría de Medio Ambiente. Ante un corro de familiares, fotógrafos, escoltas y periodistas se asomó Francisco Vázquez alrededor de las tres de la tarde de ayer. Empujaba un carrito atestado de maletas de las que asomó el trofeo de cristal con el que el alcalde posó orgulloso ante las cámaras de los fotoperiodistas. En el interior del vidrio aún lucía la tarjeta que identificaba el destinatario del galardón: «La Coruna (sic), Spain». O sea, otra modalidad del topónimo que atenta contra la ley. «Llevamos 25 horas de viaje», advirtió. Y es que la ruta desde Hong Kong hizo escala en Londres para desembarcar luego en Santiago, diana habitual de las críticas del regidor al centralismo autonómico. ¿Alguna idea importada de Oriente? «Buf, muchísimas», glosó Vázquez. «Siempre se aprende», amenazó un alcalde que suele contar sus periplos más allá de los Pirineos por proyectos que se trasladan posteriormente a A Coruña. «Un poquito de turismo» No todo fue Nations in Bloom en China. El galardón con el que la ciudad gallega se alzó en Shenzhen fue el arranque de un itinerario por Oriente en el que los Marco Polo coruñeses exploraron algunos de los atractivos locales, como la Gran Muralla, la Ciudad Prohibida o los célebres guerreros de terracota. «Aprovechamos para hacer un poquito de turismo», admitió Vázquez. Más aturdido por el vuelo, otro de los viajeros a Oriente buscaba la puerta de salida de Lavacolla mientras interrogaba a la prensa sobre la hora: «¿Es por o la mañana por la tarde?».