JOSÉ LUIS GARCÍA LÓPEZ PLAZA PÚBLICA
01 dic 2001 . Actualizado a las 06:00 h.Siempre me acuerdo de la castaña cuando ha pasado el magosto -también gamusto, entre nosotros- que tiene una original octava el día 11 de noviembre: también se me pasó. Es una bella fiesta en la que, con el pretexto de asar las primeras castañas suele exaltarse la comunicación y la amistad. Quizás haya lugares, en Cataluña, por ejemplo, en que la fiesta sea muy popular, pero castañas en variedad y abundancia nada hay como Galicia, hoy en especial en la zona ourensana de Couso-Freiras. Basta ojear cualquier vocabulario galego para percatarse del nada común número de referencias diferentes que tiene la castaña o cagoxa; cocida con monda puede llamarse desde billó o bullló, hasta zamelo, pasando, entre otros, por baloca, mamota, mamelo, mamuca, mamuda, y por supuesto, zoncho; y sin monda, bugazo o burgo. La asada bullota, carrolo, caraucón, couchón y la pilonga, maia, maiola o de carrizo. Y siguen referencias de más de veinte variedades, incluidas las caidas de los erizos y las verdes, incontables. Dice J. S. Crespo en su diccionario que habla de una centena de nombres diferentes. Nada extraño, pues siguen existiendo unas ciento sesenta variedades, aunque soló dos o tres sean las comercializadas. Tal riqueza lingüística sólo significa el gran valor nutritivo y gastronómico que tuvo la gran castaña hasta la llegada de la americana patata, vía Holanda: era el gran comodín de la cocina. Recuerdo, como experiencia imitable, un cocido a la antigua en el que una gran cachucha y los zonchos -castañas cocidas con sal- eran las protagonistas. El gran Acacio, conocido letrado monfortino, sentó a la mesa, entre otros gestores administrativos, a dos veteranos políticos, el ourensano Luis Iglesias, ya desaparecido, y el lucense Núñez Torrón; y yo, que no me importó hacer unos buenos kilómetros desde el Bierzo, para compartir la experiencia, que vale la pena. Como la del húmedo bizcocho de harina de castaña, receta del sin par Picadillo, que me hacían en casa de unos tíos que vivían en la calle Compostela, cuando me portaba bien con la seño en el Leirón o en la carrera por los jardines de Méndez Núñez. Por cierto, que ojear y detenerse en el libro coruñés de cocina más paradigmático, -El Picadillo- para leer sus anécdotas, vaya si vale la pena. Parece que, además de Pepe Posada, artesano elaborador del marrón glasé, la castaña va a más. Hasta hay asociaciones que quieren crear una denonimación de origen. redac@lavoz.com