Y ARENA

La Voz

A CORUÑA

JOSÉ LUIS GARCÍA LÓPEZ PLAZA PÚBLICA

27 oct 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Es frecuente decir «una de cal y otra de arena». Me comentan que no siempre los refranes, en su origen, tenían el sentido que hoy tienen: Acudí a mi botiquín, el Diccionario de la Real Academia, y dice del nuestro: «Alterar cosas diversas o contrarias, para contemporizar». El sentido en que lo suelo utilizar coincide bastante, aunque pienso que se pone más énfasis en lo opuesto que en lo contrario. Por ejemplo, esta semana ha saltado una noticia que podría resultar cal respecto al aeropuerto de Alvedro. Yo sigo recordando tantas de arena a lo largo de su ya larga historia. Ni siquiera sé contar las veces que no he podido aterrizar, por hache o por be. Aunque sigo siendo tan fiel como encarnizado crítico de toda la arena que nos ha ido poniendo Iberia en el camino. Recuerdo, también, haber calificado de genio, de maravilla del fútbol, a nuestro Djalminha, pero que, como tal, estábamos abocados a sufrir sus cales y arenas. La de estos días ha sido una arena inoportuna y sólo explicable en un chiquillo: hasta me recuerda, salvando las distancias, a las rabietas de Bebeto. No vale con decir «yo respeto a mis compañeros», y luego que sólo tiene que pensar en él: mal consejero el egoísmo. Hablando de oportunidad, estos días he leído de Valerón uno de los elogios más bellos que ha escrito la prensa madrileña: «Es tan bueno, tan bueno, en el campo y en el vestuario, que tiene la delicadeza de no ser perfecto... No es fuerte, ni veloz: su fortaleza está en su técnica y su velocidad, en sus ideas». Pero ahora me entero que el refrán de la cal y la arena es de los que en la Academia se considera «podados». Como el de «quien tiene boca se equivoca», en el que se omite «quien tiene seso, no dice eso». El nuestro sería «una carga de cal y otra de arena, y la obra saldrá buena». No acaba de gustarme. Será por la costumbre pero yo prefiero el refrán podado. Entero no tiene el sentido que quiero darle. redac@lavoz.com