El arquitecto visitó ayer la Casa del Hombre y grabó un programa de la televisión japonesa sobre su obra Un japonés con cámara visita la Domus. No es un turista cualquiera. Debajo de una gorra marinera se esconde Arata Isozaki, el arquitecto de la Casa del Hombre. Y la cámara es de una cadena de televisión nipona que graba un reportaje sobre su obra. El maestro Isozaki recorre con sus dedos cada palmo de pizarra y granito del museo. «La Domus no es un edificio de una década; es para dos o tres siglos», afirma. Menos futuro le augura al Guggenheim de Bilbao. «Veremos si sigue igual dentro de diez años».
24 oct 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Para Isozaki pasear por la Domus es como andar por casa. Al creador de las formas del museo le acompaña Ramón Núñez, el que imaginó su contenido. «No es sólo una obra mía, es una de mis obras maestras». Lo dice Arata Isozaki, pero también la crítica. El arquitecto se emociona dentro de su creación, levantada en una vieja cantera abandonada. No importa que se inaugurase hace casi seis años. La Domus no pasa de moda. «La piedra logra esa transición del pasado al futuro, es lo que hace al edificio perenne, único y con identidad», afirma. Conocido por fundir como nadie los estilos oriental y occidental, el japonés también es famoso por transformar la ancestral pizarra en pura modernidad. Su apuesta es el diseño que combina tradición y vanguardia. «Aquí teneis la muestra de lo que es entroncar la historia con la tecnología local creando formas nuevas». Isozaki es un arquitecto diferente. No le preocupa «tener firma propia» y las razones que le empujan a aceptar un proyecto son la cultura, el emplazamiento y encontrar un equipo entusiasta y creativo. Por ese orden. «Me interesa que cada obra sea innovadora. Cada lugar, diseño e ingeniería es un reto», confiesa.