«Un café de verdad», un paseo y una comida

La Voz

A CORUÑA

17 oct 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Álvarez Cascos resulta campechano en las distancias cortas. Llegó cuatro minutos tarde al hotel Riazor e hizo esperar a los plumillas otro cuarto de hora adicional. Ese tiempo lo aprovechó para conversar con Antonio Couceiro, Belén do Campo y el delegado del Gobierno en Galicia, Arsenio Fernández de Mesa. Su guapa mujer, Gemma, no se separó de él ni un momento... hasta el inicio de la rueda de prensa, donde optó por quedarse fuera de la sala contemplando las bravías olas de la ensenada de Riazor. Empezó a hilar su discurso, pero apenas tuvo diez segundos. Un solícito camarero le susurró un «¿quiere un café?» al que Cascos respondió rotundo. «Sí, con leche, pero que sea de verdad», le dijo en alusión al tamaño de la taza. Durante casi una hora, movió papeles, dio datos, sonrió y hasta confesó un pequeño secreto. Invierte dinero que no declara al Congreso. Pero no en Gescartera, prefiere las quinielas. Pero hay un problema. Como a la mayoría de los españoles, le puede el equipo de sus amores, en este caso, el Sporting. «Por mucho que le ponga que gana siempre, a veces también pierde», bromeó para ridiculizar el interés de la oposición en derrocar al candidato Manuel Fraga. Tras la charla, vino el paseo. De la plaza de Pontevedra, a la de Ourense y en Sánchez Bregua un pequeño baño de multitudes. Los voluntarios que trabajan en la campaña PP le hicieron más fotos que a la Schiffer en Mallorca. Y él impasible. «A ver si la rompemos (la cámara)», bromeaba. En el paseo hasta el Casino, donde firmó en el libro de oro, sólo un pepero de toda la vida le interrumpió al pie del metrosidero. La comida en el Finisterre con los empresarios cerró la jornada coruñesa de Cascos.