XURXO FERNÁNDEZ EN DIRECTO Visita nocturna al refugio de los sin hogar, bajo la Domus
16 oct 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Bajo la Domus, alejado de cualquier mirada reprobadora, se levanta, o se hunde más bien, un hotel de mil estrellas -uno de esos que inspiró una canción a Los Rodríguez-. Se trata de un albergue de superlujo, lleno de atractivos. El derecho de admisión no está restringido. Cualquiera puede hacerse con un hueco, a muy buen precio. Las vistas, inigualables. Se domina a la perfección todo Riazor y puede uno perder su mirada allí donde ya no alcanza la luz del Millennium. No hay lugar más ventilado en toda la ciudad. Admite cualquier animal de compañía. Los gatos tienen una especie de reino entre la hierba, alimentados por los inquilinos -la comida es tan abundante que los hay que la comparten con los felinos-. Decoración a la última, a base de graffity. Algunas camas llevan hilo musical incorporado. El lunes por la noche, sin ir más lejos, un hombre escuchaba un programa informativo en un transistor, entre las mantas. No hay que dejar la habitación libre a ninguna hora fijada. Algunos, como el sin hogar al que los bomberos rescataron el domingo, pasan allí casi todo el día. Pero, que el precio no engañe, vivir bajo la Domus también tiene desventajas: El lugar está en horas bajas. Desde la evacuación sólo queda allí un joven -el de la radio, el responsable de los gatos-, que ocupa una plaza en un extremo y, al otro lado, un bulto sospechoso formado por las mantas y los zapatos viejos del mendigo que hoy se recupera en el Canalejo de una afección respiratoria. Porque, eso sí, la residencia no está demasiado soleada y acusa un poco la humedad. El joven ha solucionado el problema cubriéndose con un plástico. El ruido de los coches es un poco molesto, pero una vez que se han ido los muchachos de los porros y las motos y baja la densidad de tráfico, se puede dormir tranquilo. El servicio de habitaciones brilla por su ausencia, pero cartón y manta no dan demasiado trabajo. Los vecinos -al menos el que había el lunes- son inofensivos, pero carecen de afán comunicativo. El único residente se limitaba a afirmar o negar con la cabeza. No hay que olvidar tampoco -esto entre los pros- el respaldo de una gran firma. La de los mil estrellas es la cadena de hoteles más grande del mundo.