Fuerte marejada en Los Cantones

La Voz

A CORUÑA

REPORTAJE FOTOGRÁFICO: EDUARDO

XURXO FERNÁNDEZ EN DIRECTO La gran cantidad de agua convirtió el corazón de la ciudad en un mar sobre el asfalto En el mar de Los Cantones, un par de sirenas octogenarias intentaban no perder pie en el camino de vuelta a casa. El oleaje lo ponía realmente difícil. La marejada la causaban autobuses y camiones de Emalcsa que surcaban el océano de agua dulce surgido en las cercanías del Obelisco. Daban las cinco de la tarde cuando las oficinas de Ocaso Seguros dejaron de ser local para convertirse en barco. Guarda, recepcionista y empleado de caja ejercían de grumetes empeñados en mantener seca la nave, con el agua por los tobillos. Todo porque ayer Neptuno quiso ampliar su reino y conquistó un trozo de asfalto en el corazón de A Coruña.

02 oct 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

En el puerto, el mar amenazaba con romper ataduras y encaramarse al dique para echar un vistazo a la ciudad. Ya avisaba un taxista: «Con la marea llena las cañerías van a tener difícil desaguar». El hombre equivocó su profesión, habría sido más útil como profeta. En el Obelisco podía atisbarse ya el problema. El atasco no hacía presagiar nada bueno. Un poco más allá comenzaba el nuevo lago artificial del municipio. La escena era seguida con interés por numerosos transeúntes -a resguardo de la lluvia bajo los soportales-: Una señora cruzaba el charco ataviada con bolsas de basura a guisa de protector para sus zapatos. Los comentarios y las risas surgieron entre los allí reunidos. A los que no les hacía ni pizca de gracia era a los comerciantes de la zona. En la librería Arenas no se vendió un solo ejemplar entre las cinco y las seis de la tarde. Acceder al interior sin darse un baño se antojaba bastante complicado. En la papelería Valladares, el temporal se cobró una fotocopiadora entre sus víctimas. Las encargadas de la limpieza se empleaban a destajo para desalojar el agua del BBVA. En Ocaso Seguros, hasta el último de los empleados había tomado el mocho o la escoba para luchar contra la plaga acuática. Corte de tráfico Los agentes de la Policía Local optaron por interrumpir el tráfico durante unos minutos y -asomando el brazo por el interior de la furgoneta- repartieron conos sobre el asfalto para marcar el límite de costa. En este improvisado océano, abundaban los remolinos causados por el agua que evacuaban las alcantarillas, incapaces de dar abasto con tanto trabajo acumulado. Efectivos de Emalcsa trataron de ayudar en la tarea y desatascar los sumideros. Eso y el fin de la lluvia dieron carpetazo a la marejada. Hasta entonces, en una de las salidas del anegado parking de Méndez Núñez, un hombre trajeado explicaba bajo la tormenta que no iba a poder ir, «por ahora», a la reunión, debido a que era incapaz de atravesar la calle. Si no fuera por las imágenes, aquella habría sido la excusa más tonta jamás oída.