El bar de O Portiño a cuyas puertas se frenó la basura inicia, como el resto del lugar, una nueva etapa Fue la frontera del horror. La basura frenó justo a las puertas del bar, convertido en todo un símbolo de la resistencia. Esas puertas se volvieron a reabrir en junio, todo un símbolo de que O Portiño va bien. El viento te aplaude la cara en la terraza de esta cafetería. Que ningún gracioso busque en la carta pollo con salsa de lixiviado. Aquí se come sano y bien. Y se cena a la luz crepuscular del astro rey: «Hay unos caídas de sol que ni en la tele», presume el dueño del local. Y se «copea» con música en directo. Quien lo iba a decir hace cinco años, cuando una canción, cuya letra satirizaba la catástrofe, triunfó en «La Parodia Nacional».
08 sep 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Desde la terraza del café-bar O Portiño se otea el parque de Bens, inaugurado en junio con gran ceremonial. Ni un alma pisa sus faldas de crecientes tonos verdes, y eso que el día invita a ello. «Está todavía muy bravo, no hay sombra ninguna», justifica un cliente del local la ausencia de paseantes. Vista para atrás y aparece el poblado de O Portiño, que reclama viviendas sociales. Y, pasado este enjambre de casas, una hilera de chalets se asoma al balcón costero. A varios vecinos les ha llegado ya el aviso municipal. «A uno de ahí arriba le dijeron que vaya vendiendo el burro que tiene, porque su casa pasará a la historia», informa José Luis Maques García, propietario del bar. Y es que por «ahí arriba» irá el paseo marítimo, que se ensancha como el chicle. O Portiño continúa su mutación. En constante transformación está desde el día D. Lo dice Felipe Canosa, presidente del club náutico del lugar. «Ninguna desgracia es buena, aquello nos hizo muchísimo daño, pero la caída del basurero sirvió para sanear la zona». El bar ya está saneado. Cerrado desde aquella mañana, reabrió, reconstruido y con nuevo dueño, en junio. Ayer cantó Pablo Bicho. Quizá algún día se deje caer por este escenario Xosé Manuel Pereiro, antiguo cantante de Radio Océano, que en un disco regalado por la revista Bravú entonaba, con evidente sorna y la música de Chica de ayer, el estribillo «demasiado tarde para comprender / que tanta merda xunta non podía ser». Aquella era la cara B del Portiño. Hoy suena la A.