A Coruña conserva en calles y edificios un peculiar repertorio de símbolos de la dictadura Noviembre de 1975. Francisco Franco es sepultado en el Valle de los Caídos, el monumento construido «a imagen y semejanza» del Escorial de Felipe II. Transcurrido ya más de un cuarto de siglo desde que Arias Navarro se asomó a los televisores en blanco y negro para anunciar la muerte de Franco, A Coruña conserva todavía en sus calles y edificios un peculiar repertorio de los símbolos con los que la dictadura adornaba las fachadas de los centros del poder. El águila imperial que la Constitución borró del escudo oficial del Estado o el yugo y las flechas de la Falange perviven en este franquismo de piedra.
02 sep 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Y es que Franco se quedó en forma de piedra, porque la democracia no movió ficha en el callejero coruñés. Salvo algún toque sutil -como la plaza de la Constitución-, la ciudad prácticamente no revisó los nombres con los que la dictadura había teñido algunas de las vías más emblemáticas del centro urbano. Los generales Mola o Sanjurjo, por ejemplo, tienen calle propia y el propio Francisco Franco -elevado por el régimen a la categoría de Generalísimo- sigue asomándose a una losa de mármol con letras de bronce que luce sobre un monolito tatuado de graffitis en el viaducto que une Lavedra con Linares Rivas. También hay calles que hacen doblete, en las que cohabitan nombres de antes y después de la Constitución. Una placa de mármol ataviada con las flechas falangistas recuerda en un lateral del primer rascacielos de A Coruña -el Banco Pastor- que el principal paseo de la ciudad se llamó un día Cantones de José Antonio. El actual cartel municipal matiza, un metro más abajo, que se trata del Cantón Pequeño. El águila no levanta el vuelo El águila, las columnas caligrafiadas con el Plus Ultra y el yugo y las flechas todavía se aferran a las fachadas y los muros interiores de buena parte de los edificios oficiales que siembran el centro de A Coruña, algunos de los cuales fueron construidos durante la dictadura. La Comandancia de Marina, la sede de Aduanas o el Archivo del Reino de Galicia son parte de los recodos donde lucen los ornatos que barrió del mapa la Carta Magna de 1978. En el interior, han desaparecido ya los símbolos que pervivían en antiguos centros universitarios, pero en la sede de Correos y Telégrafos se puede contemplar una vidriera con el águila rampante. Las plazas tampoco se libran del franquismo de piedra. Es el caso del espacio dedicado a Millán Astray frente al cuartel de Atocha, donde se levanta un monumento al fundador de la Legión, uno de los militares más destacados del bando nacional durante la Guerra Civil.