EDUARDO EIROA AL DÍA El globo de Os Castros se niega a salir desde que cambió de fabricante Tampoco. Esta vez tampoco. Es la segunda en poco más de un mes que lo intentan, y el primer año que los hermanos Pita no hacen el globo de Os Castros. El primero también que no vuela. Y por si una vez no llega, que sean dos. A lo mejor es un aviso del diablo a Juan García, el autor del aerostato de este año. Sobre el tercer intento ya no se habla, no vaya a ser que la tradición del globo de Os Castros desaparezaca tan rápido como llegó. Los vecinos no pierden la esperanza.
01 sep 2001 . Actualizado a las 07:00 h.«A veces la NASA también falla cuando intenta mandar un cohete al espacio, y no pasa nada. Es normal». Así se expresaba ennegrecido por el humo Manolo Saavedra, uno de los encargados del aciago lanzamiento. El día ameneció despejado y los vecinos se confiaron. Pero el último día de agosto no era de los propicios. La suerte se volvió esquiva una vez más. No se sabe si es que el espíritu del globo de Betanzos se obstina en acabar con sus competidores o se puede hablar ya de la maldición de los hermanos Pita, que hasta este año se encargaron siempre de fabricar el globo. El buen humor de la mañana fue cambiando de cara según se acercaba la noche. Empezó a levantarse un viento traicionero que no hacía presagiar nada bueno. El lanzamiento estaba previsto para las once, pero se esperó media hora por si la cosa cambiaba. Y no cambió. En la zona los maestros globeros ya se temían lo peor, y lo peor empezó a ocurrir cuando la grúa de los bomberos comenzó a izar el globo. El viento movía la masa de papel como si fuese una pluma. Armados de moral, los vecinos quisieron hincharlo y lo intentaron casi durante un cuarto de hora, sosteniéndolo desde abajo con cuerdas. A las 23.45 el viento se cobró su víctima. No sucumbió pasto de las llamas, sino que se rompió el papel, debilitado ya después del anterior intento el 17 de julio. Juan García, el autor del globo este año, se lo tomaba con buen humor: «No se puede luchar contra los elementos. Ya sospechábamos que no saldría, pero aun así hay que intentarlo». Al próximo intento ya no le puso fecha, «a ver», fue todo lo que dijo sin perder ni un momento la sonrisa, «el mes que viene vamos a echar otro globo en Oleiros, seguro que ese funciona». Lo cierto es que esta vez el papel se desplomó como la lluvia sobre sus captores. «Si al menos hubiese ardido la cosa sería más honrosa», se escuchaba entre el público. Lo cierto es que la cosa volvió a fallar y los vecinos, que en esta ocasión se reunieron en menor número, puede que no le den una tercera oportunidad. Eso sí, aunque el globo falle, la fiesta no se la quita nadie.