PEDRO GRANELL EN DIRECTO El batería de Hendrix tocó en A Coruña
16 ago 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Las diez y media en el Mardigras. No hay sitio para aparcar. En las inmediaciones de la sala se percibe cierto trajineo y del interior surge un sonido rancio, sucio. Nos apresuramos y nos encontramos con Mr. Miles probando su guitarra. La organización, orgullosa, abre las puertas con la banda al desnudo y el público comienza a llegar. Entre los asistentes abundan los de treinta para arriba, esos raros especímenes que prefieren gastarse dos mil pelas en un concierto de blues para sudar la gota gorda, en vez de alquilar una peli del cine ese que hay en los video-clubs. Amantes del soul, R&B, y del rock en general. Algunos melómanos más jóvenes comentan que han de hacer un sacrificio para ver a Buddy Miles, que si pagan no beben, y que si no beben... pues eso, que no beben (sic). Otros prefieren abstenerse del elemento líquido y escuchar a uno de los grandes. Cada uno con lo suyo. La Tonky no ha ensayado mucho con Buddy, «da igual, los temas me los sé desde los setenta» susurra el líder de la banda. El bajista me dice que desde que Buddy llegó no ha parado de hablar de sus amigos, íntimo de los músicos más importantes de la historia del Rock. El señor Miles es un libro abierto. Sobre las once y algo comienza la sesión. Primero la Tonky Blues Band abriendo lo que será una larga noche de pasión y sudor, de música de altos vuelos. Tras una breve introducción sale a escena un gigante; alza las manos, sonríe y pide un poco de clamor. Se sienta, con lo cual verlo actuar o sacar una foto se convierte en casi una odisea. A partir de ahí todo es feeling, sentimiento, duende, o como queramos llamarlo. Al cantar recorre a los asistentes con la mirada, uno a uno va compartiendo toda su alma y su música. Con All along the Watch Tower, tema de Bob Dylan que Hendrix hiciera suyo en Electric Ladyland, el señor Miles aumentó la temperatura del local. Todos sudando. Un poco más tarde arremete con un Hey Joe que dura veinte minutos, un placer. Y como no podía ser de otra forma, tras una pausa, Miles hace un solo de batería. La banda le sigue, no son la banda de los gitanos, pero son un buen grupo de blues. Al terminar se postra en el sillón del camerino y saborea su fruta. Los más osados se acercan a que Buddy firme sus discos, lo hace encantado, pero no parece que le apetezca hablar. Así que respetamos su silencio.