El niño héroe vive en el callejero

RUBÉN VENTUREIRA A CORUÑA

A CORUÑA

El Concello dedica una vía a Juan Darriba, que murió a los 11 años en 1896 al intentar salvar a una mujer en el Orzán El 9 de agosto de 1896 murió un niño y nació un héroe. Propulsado por su descaro infantil, Juan Darriba Fernández se lanzó a las aguas del Orzán al rescate de Josefa Fernández. El mar era una batidora, un enemigo demasiado airado por los malos vientos. Ella se aferró al crío como si fuese un flotador. Nerviosa, acabó hundiéndolo. La tragedia se multiplicó por dos. Un hombre nadó desde la orilla para evitarla. Minutos después, el agua escupía el cuerpo de Juanito Darriba. Lo bañaron en aplausos los presentes. No los escuchó. Nunca más recobró ni ése ni los otros sentidos. Murió, pero su hazaña sigue viva. Miman su tumba los habituales de San Amaro. Y el Concello pondrá su nombre a una calle.

10 jun 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

A las seis de la mañana, las dianas y alboradas desperezan a la ciudad. Es agosto, tiempo de fiestas y baños. La Voz anuncia mar picado para hoy. No ha leído el periódico Josefa Fernández, de 30 años, que sirve en la casa de Gumersindo Abares. Son las siete de la mañana. La criada toma rumbo a la cala del Caramanchón. Antiguamente, en esa cala, zona desprotegida y de enorme resaca, estaba prohibido el baño. No lo sabe, seguramente, Josefa, que es del interior, de Mondoñedo. Ve agua y decide bañarse. Así de simple. Con la confianza de una catalina, allá va. La marea está baja. Se adentra con confianza en el ojo del huracán marino, que esconde un peligro sordo. El agua tira de ella como uno de esas modernas locomotoras que te llevan de Coruña a Madrid en sólo tres días. Josefa se está hundiendo. Su cabeza viene y va. Ahora se ve; ahora no. Tensión en la orilla. Tensión y un niño, Juanito Darriba, que escucha los gritos. Allá va el héroe. El niño reta a las olas. Alcanza a Josefa, que le toma el brazo. Él bracea con el que le queda libre. Extenuado, Juanito empieza a hundirse. Advertido por dos mujeres en la playa del Orzán, desde la orilla parte Antonio González. Algas y plantas marinas forman un muro que le impide avanzar. Se libera y los alcanza. Juanito flota boca abajo, sujeto por Josefa. Antonio la toma por el otro brazo. Llegan a la orilla. El niño pisa tierra arrastrado por Josefa, conformando una Piedad coruñesa. La playa es una platea, abarrotada de curiosos que jalean la hazaña del crío. Está inconsciente. Se lo llevan a su casa, al número 2 de la cercana calle del Caramanchón. El doctor Pardo certifica su muerte poco después. Josefa y Antonio, sanos y salvos, lloran al héroe. El suceso conmociona la ciudad, pero la fiesta sigue. A las cuatro y media de la tarde, la plaza de toros se llena para ver a los maestros Bonarillo y Reverte lidiando con éxito reses de Benjumea. Mueren seis toros y doce caballos. Sangre en la arena. A las nueve de la noche, el señor Millarengo, pirotécnico de Jubia, lanza fuegos artificiales. A Coruña mira hacia el cielo. Hay luces en la bahía que ocultan las sombras de la mañana.