El «astillero» de Alfonso Molina

EMILIANO MOUZO A CORUÑA

A CORUÑA

Los carpinteros reparan el «José Golán», el barco que saluda a los que entran en la ciudad por la avenida Los jardines existentes en Alfonso Molina, a la altura del concesionario Mercedes, se convirtieron desde ayer en un improvisado astillero. En él, los carpinteros municipales reparan el ex-pesquero del «xeito» que simboliza la estrecha y fundamental relación de A Coruña con la pesca, y que da la bienvenida a todas aquellas personas que entran en la ciudad por Lavedra. Los operarios cambiarán la cubierta, algunas de las cuadernas o «costillas», los baos y repararán el puente y los bordos del casco.

29 may 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

El barco que se expone desde los primeros años de la década de los 90 en los jardines de Alfonso Molina se llamó en su día José Golán. Su base era el puerto de Sada. Se dedicó durante unos cuarenta años a la pesca de la sardina. Tanto tiempo surcando las aguas de la costa coruñesa no pasaron en balde. Las cuadernas y los bordos del José Golán empezaron a crujir, a quejarse. Con el paso de los años, cada golpe de mar que rompía en su proa era un sensato aviso a los armadores del barco de que a éste le había llegado su hora. Y sus propietarios lo leyeron en la estela que dejaba el cerqueiro cada vez que salía al mar. Descubrieron que las singladuras del José Golán habían llegado a su fin. Que lo mejor para navegar con seguridad era dar de baja al buque. Con los papeles del cerqueiro construyeron una nueva tarrafa para dedicar a la pesca de la sardina. ¿Qué hacer con el viejo y excelente barco marinero? La alternativa era el desguace. Sus tablas de cubierta, sus troncos que daban forma a las cuadernas, la viga que constituía su quilla, serían pastos de las hachas, y luego del fuego. Pero, como por arte de magia, o mejor, por una buena idea de los responsables del Ayuntamiento de A Coruña, el José Golán se salvó de la destrucción, de la quema. Sus años luchando en el mar le habían concedido el honor de pasar a ser el símbolo marinero de una ciudad que nació alrededor del puerto, en medio del pescado. Y el Concello eligió para él un privilegiado lugar y una importante misión: dar la bienvenida a todos aquellos que entran en A Coruña por Lavedra.