JOAQUÍN LENS CRÍTICA DE ARTE El Kiosco Alfonso expone los carteles de juventud de Díaz Pardo, autor del monumento a los fusilados Conmovidos aún por la muerte del pintor Francisco Mantecón, destacamos esta semana la especial relevancia que tiene para el arte, y no sólo para él, la inauguración del monumento a los fusilados durante la Guerra Civil, realizado por Díaz Pardo y que el Ayuntamiento inaugurará el día 14. Es una feliz coincidencia que además podamos ver estos días en el Kiosco Alfonso sus primeras incursiones artísticas, los carteles que diseñó para pedir el voto en apoyo del Estatuto de Autonomía de 1936, cuando tenía 16 años.
08 abr 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Esta coincidencia entre los trabajos juveniles -que se muestran en la exposición sobre el republicanismo corunés acompañados de los carteles que pintaron su padre, Camilo Díaz Baliño, y Castelao, Seoane...- y el homenaje a las víctimas de la represión pone de relieve la coherencia de una labor intelectual y artística, ética y estética digna de ser resaltada y que difícilmente tiene parangón: su preocupación por Galicia y los ideales de justicia y libertad en que fue educado y que han presidido todo su quehacer a lo largo de estos 65 años. La idea de erigir un monumento de estas características por parte del Ayuntamiento coruñés podría haber desembocado en un proyecto retórico y grandilocuente como por desgracia estamos acostumbrados a ver. Sin embargo, Díaz Pardo, que acogió con gran entusiasmo la idea, optó genialmente por simbolizar aquellos trágicos acontecimientos con las ruinas de un cromlech. Un conjunto monumental e impresionante lleno de sentido en el que se han tallado estemecedores poemas de Uxío Carré Alvarellos y García Lorca, y que establece un apasionante diálogo con los menhires de Manolo Paz, que adquieren ahora un nuevo significado: vigilantes de la memoria de un hecho terrible, convirtiendo un terreno siniestro (O Campo da Rata) en soporte de un conjunto artístico que funde tradición y modernidad, lo ancestral y lo trágico en una espléndida simbiosis, llamado a convertirse en referente obligado de una ciudad que no puede ni quiere olvidar su historia.