Los asistentes a la representación de «Los Globolinks» despiden a los intérpretes con división de opiniones «Vaya marcianos de ful, parecen momias», farfullaba un escolar de apenas once años cuando vio aparecer sobre el escenario del Palacio de la Ópera a los «Globolinks», unas criaturas fantásticas ideadas por el italiano Gian Carlo Menotti para introducir a los más pequeños en el mundo de la lírica representada. Setenta minutos de «cantata» acabaron entre bostezos, aplausos y algunos pitos. «Los que silban son unos burros. La obra mola mucho», sentenció otra escolar más entusiasta embutida en su uniforme.
28 mar 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Los de ayer fueron los tres mil primeros niños -divididos en dos tandas- de los diez mil que la Orquesta Sinfónica de Galicia tiene previsto ilustrar con su programa de conciertos didácticos que concluirá el sábado con un recital extraordinario pensado para fomentar la diversión familiar. Volviendo a la ópera en sí, los Globolinks dieron la talla de monstruitos simpáticos. No lograron abducir a ningún niño, pero se ganaron sus aplausos con piruetas y una singular manera de andar producida por su alergia a la música. Con ellos compartieron protagonismo un grupo de niños con voz más atiplada que el Joselito de los buenos tiempos, que acabaron por arrancar la otra gran salva de aplausos a la conclusión del concierto. Menos suerte tuvieron en el primer recital los intérpretes de más edad, que fueron silbados por un nutrido grupo de infantes situados en las filas más altas del Palacio de la Ópera. La guerra entre melómanos y escaqueados empezó pronto. Algún purista se tiraría de los pelos al ver el runrún permanente que acompañó los diez primeros minutos del concierto. Ni siquiera los esfuerzos de los vigilantes profesores consiguieron imponer la ansiada paz en medio del bullicio. Cada aparición de los teóricamente temibles Globolinks era jaleada con fuerza y acompañada por estruendosas carcajadas y sólo el suspense del previsible final feliz sacó de su letargo a los que eligieron el bostezo en lugar del aplauso. La iniciativa sirvió al menos para que los niños conocieran música alternativa a los Backstreet Boys o Paulina Rubio. «Yo me lo he pasado muy bien», comentaban dos niñas del San Francisco Javier a la salida del concierto.