ÁRBOLES

La Voz

A CORUÑA

ÁNGEL PADÍN PLAZA PÚBLICA

23 mar 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

Días pasados contemplaba una serie de fotografías antiguas de nuestra ciudad, aquella urbe tan bonita (casi tanto como la de ahora) que cantaron en su momento desde Curros Enríquez a García Ferreiro, Camilo José Cela o doña Emilia Pardo Bazán, María Victoria Fernández España y Wenceslao Fernández Flórez. Y me llamó la atención lo bien floreadas que estaban nuestras calles, con la de San Andrés con árboles o la plaza de Orense, en el tramo de la casa donde murió Miguel Fleta y vivió y murió el gran médico coruñés y mentor de la familia Picasso durante su estancia en A Coruña, Ramón Pérez Costales, también con frondosa arboleda que hoy brilla por su ausencia. Y ayer resulta que se celebró en toda la comunidad gallega el Día del Árbol o Día del Medio Ambiente, como he escuchado a algunos medios y a distintas personas. Y me dio cierta envidia ver cómo centenares de calles coruñesas (si no me equivoco) están ornamentadas, por decir algo, con puro cemento y algún que otro establecimiento con macetas que intentan paliar la falta de nuestro entrañable paisaje verde, pero carecen de arboleda para ofrecer a los moradores una visión más alegre de la ciudad. Bien es verdad, que en los últimos años se ha intentado, en algunos casos con éxito, poner algún que otro árbol en las calles de la plaza de Lugo (por cierto: el mercado no es el mercado de la plaza de Lugo sino el Mercado da Guarda, pues no en vano fue este prócer local quien sufragó los gastos de su construcción), calles adyacentes a la plaza de Galicia y otras insuficientes, aunque el esfuerzo municipal haya sido importante. Como anécdota, reseñar como cada primavera un solo árbol en la plaza de Santa Catalina florece y muestra una visión de aquel entrañable rincón que «mismamente parece de postal». Pero el espectáculo dura muy pocos días. Creo que bien merece un esfuerzo de los encargados municipales de parques y jardines sembrar de árboles las calles/rúas de A Coruña, seguramente tarea no muy costosa pero importante. Sí, es cierto, que está muy bien la teoría y hay que llegar a la práctica (que contestaría el concejal encargado del cometido), lo que significa al final presupuesto igual a dinero. En suma, deseamos una ciudad más arbórea y a ser posible con árboles, que en primavera luzcan flores que extiendan a toda la ciudad el milagro que cada año nos ofrece el modesto árbol de Santa Catalina. ÁNGEL PADÍN es periodista y escritor