CON UNA DULCE resaca europea se despertó ayer A Coruña. La clasificación del Deportivo bien vale unas ojeras. Hasta los que viajaron a Milán y llegaron de madrugada a la ciudad les costó conciliar el sueño tras el éxito del equipo. Entre los expedicionarios estaba Marisol Marcos, la esposa de Augusto César Lendoiro, que ya acompañó a los blanquiazules en otros desplazamientos europeos. El presidente no viajó pero envió a una representante talismán. EN EL AVIÓN que trajo al campeón de Liga de vuelta a casa todo era alegría. Hasta uno de los miembros de la tripulación se abrió la camisa, como si hubiese marcado un gol y mostró la camiseta que llevaba por debajo, en la que se podía leer Ni en Madrid ni en Cataluña, la Liga en La Coruña. El forofo auxiliar de vuelo es de la parroquia de Golmar en A Laracha. LA EXPEDICIÓN del Dépor no pudo aterrizar en A Coruña y tuvo que hacerlo en Vigo. El director del aeropuerto de Alvedro, Mario Otero, tuvo el detalle de acercarse de madrugada al aeródromo vigués para recibir a los coruñeses y saludar a Moncho Orjales, director de viajes Orzán y responsable de la organización del desplazamiento. Esperemos que, tras la final de mayo, no haya estos problemas. DURANTE unas horas las principales calles de Milán parecían la calle Real o La Marina. Conocidos seguidores deportivistas como Iñaki Rivera, Antonio Grandío, Juan Candame, Luciano Martínez, presidente de la cadena gallega que gestiona, entre otros, el hotel Louxo de A Toxa, o Ricardo González, el maestro cocinero de El Refugio, animaron a los chicos de Javier Irureta. En la capital italiana también estuvieron, entre otros, Jesús Rico, de la cafetería Primamaje; Manolo Souto, el hijo de Manolito, y José Manuel Vila, director de la Autoescuela Carcopa de Carballo. EL CAMPEÓN coruñés Luis Rodríguez Moya también se acercó al hotel de concentración del Dépor para dar ánimos a los suyos. En mayo volveremos.