«Me ofendo si me llaman héroe»

La Voz

A CORUÑA

RUBÉN VENTUREIRA LA ENTREVISTA Fernando Pérez, el vecino de la calle Francisco Mariño que detectó el incendio A quien madruga, Dios le ayuda. Bien lo sabe Fernando Pérez Marqués, el vecino que dio la voz de alarma. A las cinco y cuarto de la madrugada salió de casa. «Olía a quemado», recuerda. Nadie hace tostadas a esas horas. Él, jefe del obrador de pastelería de El Corte Inglés, es el más madrugador del edificio. Lo sigue la mujer de la limpieza, que llega a las siete. Habría sido demasiado tarde. Habría sido una catástrofe. Pero, afortunadamente, el despertador de Fernando funcionó. Y su cabeza. Llamó a la policía y a los bomberos. Levantó a timbrazos a los vecinos. Salvó vidas, pero huye del protagonismo: «Me ofendo si me llaman héroe. Me tocó a mí como podría haberle tocado a otro».

14 mar 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

Fernando Pérez nació en Bilbao hace 54 años. Se trasladó a A Coruña cuando El Corte Inglés se instaló en la ciudad. Los sabrosos panecillos y pasteles que compra usted en este centro comercial están tocados por las laboriosas manos de este vasco. Ayer, manos salvadoras. Vive en el número 10 de la calle Francisco Mariño, que comparte garaje con el portal 5 de la calle Teresa Herrera, contiguo al subterráneo. Preguntamos por el héroe del día en El Corte Inglés. Sólo sabemos que se llama Fernando y que vive en Francisco Mariño. Varios empleados consultados no saben nada. La gesta no ha corrido de boca en boca por el centro. Vamos al departamento de personal de El Corte Inglés y rápidamente dan con él. Comparece Fernando en traje de faena, con rastros de pastel en el mono. -Es usted el héroe del día... -Si me llaman héroe, me ofendo. No se le ocurra ponerme de héroe en el periódico (dice muy serio). Simplemente hice lo que tenía que hacer y lo que habría hecho cualquier otro si se hubiese visto en esa situación. -¿Cuándo le comenzó a «oler mal» el asunto? -Al salir de casa noto que huele a quemado. Como todos los días, llamo el ascensor que lleva al garaje. No responde. Así que tomo el que baja al portal, donde ya huele más a quemado y hay algo de humo. Entonces me fijo en que el ascensor que va al garaje está parado en el quinto. -Y sube al quinto piso... -Exacto. Un esparadrapo, colocado entre las células fotoeléctricas, le impide cerrarse. Se lo quito. Compruebo que está averiado, como loco. Va de un piso a otro. Aviso a dos vecinos. Vamos a ver si algo se está quemando en la sala de máquinas, que está en el último piso. Pero no. Todo está normal. -Vuelta para abajo. -Cojo el ascensor que está operativo y voy al portal. Ya hay más humo que antes. Salgo y abro la puerta de acceso al garaje. Sale una bocanada de humo tremenda. Rápidamente aviso a mi mujer y a mi hijo, que están arriba, para que llamen con urgencia a la policía y a los bomberos, que llegan pronto. -Y avisa a los vecinos. -Claro, era imprescindible actuar con rapidez. Yo llamé a los de mi edificio. Mis otros dos vecinos avisaron a los del número 12 de Francisco Mariño y a los del portal 5 de Teresa Herrera. -¿Cundió el pánico? -La gente bajaba muy asustada. El humo ya empezaba a extenderse por las escaleras. Te ahogabas. De hecho, los bomberos emplearon bombonas de oxígeno y mascarillas desde el primer momento. -Una vez que llegaron a la zona los bomberos y la policía municipal, ¿que era lo que más le preocupaba? -Cuando supimos que el humo lo había provocado el incendio de unos coches temimos que se produjese una explosión en cadena. Hay más de doscientos coches aparcados en ese subterráneo. -Si no llega a ser por usted, mucha gente se podría haber quedado atrapada. Estaríamos hablando de una gran catástrofe. -Pudo haber sido una catástrofe, sí, pero, gracias a Dios, no lo fue. Insisto en que yo no hice nada que no habría hecho otro. No tiene mérito alguno. -Al que madruga, Dios le ayuda. En eso estará de acuerdo. -Creo que soy el que más madrugo de mi edificio. Y por eso fui el primero que advertí el fuego. La señora que viene a limpiar llega a las siete de la mañana. No cabe duda de que el humo se habría extendido mucho entre las cinco y cuarto, que fue cuando salí de casa, y las siete de la mañana. -Queremos hacerle una foto. -No. Le cuento lo que quiera, pero no me gusta ser protagonista. El héroe por accidente se resiste a la foto. Tras varios ruegos, accede. Porque este panadero es un pedazo de pan.