Realismo, sentimiento y sueño

La Voz

A CORUÑA

JOAQUÍN LENS CRÍTICA DE ARTE Eduardo Naranjo reúne en el Kiosco Alfonso una colección retrospectiva Patrocinada por Caixanova y organizada por Marisa Oropesa y el propio artista, se expone en el Kiosco Alfonso una muestra retrospectiva de Eduardo Naranjo. Para nadie es un secreto que, junto con Claudio Bravo y Cristóbal Toral, Naranjo es uno de los pintores más influyentes del realismo. Esta muestra justifica el porqué del éxito y el poder de convocatoria del artista extremeño. Su virtuosismo queda patente con esta colección, que permite hacer un recorrido por las distintas etapas que marcan su trayectoria.

11 mar 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

«Vino, primero, pura / vestida de inocencia». La exposición se abre con una pequeña colección de obras juveniles: dos pinturas de los años 58 y 59, es decir cuando tenía 14 y 15 años. No hay duda de que su talento comenzaba ya a mostrarse. Le sigue luego, además de la única escultura de la exposición, una serie de obras de los años 60 de carácter expresionista y en las que la influencia de Goya, Redon, Picasso y Bacon es acusada pero nunca hasta el punto de ocultar su personalidad. «Luego se fue vistiendo / de no sé qué ropajes...» Pero a partir de 1970, el pintor que, aunque extremeño se considera muy próximo a Andalucía, dio un giro considerable a su estética. Desde entonces hasta mediados de los 90, practicó una pintura hiperrealista cargada de un fuerte contenido onírico. El protagonista de la mayor parte de los cuadros de este período (el que mayor fama le ha proporcionado y que lo ha convertido en maestro del realismo) es el mundo de sueños, pesadillas que puebla su obra. En cuanto a la técnica, magistral, deslumbrante, es una lección permanente de sabiduría. El resultado del trabajo de esos años no deja indiferente al espectador. Para unos, no se puede ir más allá en la representación de la realidad. Para otros resulta frío y distante. En cualquier caso, nadie puede poner en duda sus brillantes logros. Incluso, algunos visitantes comprueban furtivamente que las tiras de papel celo que aparecen en varios de los cuadros no eran reales, sino pintadas. Hay que reconocer que lo que no admite discusión son los dibujos. Sin embargo, el uso del cuadro dentro del cuadro y los juegos de espejos tan frecuentes en su obra pueden llegar a ser considerados como ejercicios de virtuosismo. Otro aspecto destacable de la obra lo constituye el juego que sabe extraer el pintor de la perspectiva. Les invitamos a que, interesados o no por la pesadilla que supone El sueño con las musas, se sitúen a la distancia adecuada para experimentar cómo consigue el pintor introducirnos en la obra. «...Mas se fue desnudando / y yo le sonreía». El éxito de las obras que acabamos de comentar fue tal que llevó a Eduardo Naranjo a un amaneramiento que parecía abocarle a un callejón sin salida. Posiblemente por ello, a mediados de los 90, su obra experimenta un cambio profundo en busca de una simplificación que es afán de ahondar, profundizar en esa otra realidad que hay más allá de la realidad aparente. Fruto de esta desnudez son los extraordinarios dibujos Martina en sueño, Carlos en el estudio, y el conjunto de orquídeas, iris, rosas y lirios de su obra más reciente, donde destaca el óleo Cráneo de perro, que, si no nos equivocamos, abre un camino lleno de posibilidades en busca de la esencia de las cosas de un artista que, sin llegar a los sesenta años, lleva camino de convertirse en uno de los maestros del arte español.