SUSANA BASTERRECHEA LA ENTREVISTA José Luis Barros, cirujano pontevedrés y amigo de Luis Buñuel José Luis Barros (Pontevedra, 1923) ha sido uno de los cirujanos españoles más prestigiosos. Pero el maestro de médicos se confiesa pupilo de Luis Buñuel «en muchas cosas, no sólo de cine». Se conocieron en la década de los cincuenta en el mejor lugar para encontrarse: París. Del «sordo de Calenda» recuerda mucho, sobre todo cuando el cineasta le decía que un día sin reírse era un día perdido. «No era fiero ni esquivo, era todo humor», dice. «Y contradictorio -añade-, como todas las personas inteligentes».
21 dic 2000 . Actualizado a las 06:00 h.José Luis Barros visitó ayer A Coruña para hablar de Buñuel en el Museo de Arte Contemporáneo Unión Fenosa. Como amigo y como el menos convencional de los cineastas españoles, ganador de un Óscar en 1972 por El discreto encanto de la burguesía. El cirujano pontevedrés forma parte de la comisión que ha organizado el centenario del realizador de Teruel. -¿Cómo fue su encuentro con el director aragonés? -Fue en París, en la década de los cincuenta. La amistad se hizo más profunda y sólida al reencontrarnos en Madrid cuando él rodó Viridiana. -¿Era, como se dice, enigmático y contradictorio? -Era contradictorio, como todos los que tienen una gran inteligencia. Buñuel era muy culto y muy buen conversador. Pero no era esquivo. Era todo humor porque creía que un día sin reírse era un día perdido. -Usted participó en algunos de sus filmes... -Sí, como actor secundario actué en La vía láctea, El discreto encanto de la burguesía, y en alguna película más. -Buñuel dijo en una ocasión «¡Viva el olvido!». ¿Qué diría ante tanto homenaje? -Se reiría porque no le daba mérito ninguno. La Universidad de Harvard quiso nombrarle honoris causa pero él nunca acudió, ni a la de Londres, ni a la Complutense. Le dieron la medalla de Oro en Madrid porque le llevé yo. -Con usted el cineasta descubrió Galicia... -Sí, viajamos por Pontevedra, Santiago y A Coruña. Le atraía mucho el mar.