ENTREVISTA: Angelines Penas, directora del Museo de Belas Artes Habla por impulsos eléctricos. Parece que las ideas chocan en el circuito de su cabeza y luchan por salir a través de su boca generosa. Es Angelines Penas, director del Museo de Belas Artes de A Coruña. «No sé, dicen que el museo es el gran desconocido, pero nosotros luchamos por convertirlo en algo vivo», afirma. Todo en ella es grande: su estatura, sus gestos, sus proyectos.
25 nov 2000 . Actualizado a las 06:00 h.Reconoce que el factor rosa de la baronesa Thyssen y su extraordinaria colección ayudó a multiplicar los visitantes del recinto. Puntualiza que llevar un museo no es «mira, qué bonitos los cuadros». Le sobra formación, la que hace falta para conservar el patrimonio de todos. El despacho es como todo el edificio del arquitecto Manuel Gallego: una gozada. No le gustan las entrevistas. No quiere ser protagonista. Su lucha diaria es para que el protagonismo sea del museo que dirige con pulso firme. Habla como a manotazos, como si le aplicasen una corriente eléctrica. No es que su verbo sea fluido, es que es torrencial, tan torrencial como la ducha de agua que cae en A Coruña. Tiene voz de mastín de los Pirineos, ronca, tremendamente ronca. _¿La exposición de la colección Thyssen supuso un punto de inflexión en la historia del museo coruñés? _Fue un reconocimiento del museo como institución ante otros centros de arte y un reconocimiento para el público. _Se dice que Belas Artes es el gran desconocido. _No sé (pone cara de misterio sin resolver) cuál es el motivo. Hacemos todos los esfuerzos para que no lo sea, para que se conozca en A Coruña y en España y el exterior. La exposición de la Thyssen funcionó como gancho en ese sentido. Más de 20.000 personas en sólo dos meses es mucho público, que además fue muy variado: adultos, escolares, colectivos de todo tipo. También probamos algo nuevo. Le explicamos los contenidos a los profesores y ellos lo hicieron con sus alumnos. Fue una buena iniciativa. _Todos los museos quieren convertirse en edificios vivos. _Sí, es lógico. Nosotros fomentamos las actividades que abren las puertas del museo, los conciertos, que ya son habituales, las presentaciones de libros, etc. También multiplicamos las actividades para el público infantil. Hicimos juegos didácticos en familia que tuvieron una gran acogida. No nos olvidamos de los adultos. Funcionan muy bien los talleres de grabado. _El presidente de la asociación de Amigos del Museo, Pedro Vasco, pedía ayuda privada. _Claro (expresión de `ha dado en la diana''). Nosotros dependemos de la dirección xeral de Patrimonio de la Consellería de Cultura, pero el edificio y el personal se come gran parte del presupuesto. Necesitamos concienciar a la gente y que se dé cuenta que esto es patrimonio de todos. En las ciudades grandes, hay más recursos y las empresas se mojan más. En las pequeñas, como A Coruña, toda va más despacio. _¿Una iniciativa con éxito fue la exposición de «Velázquez, el arte de mirar»? _Participaron todos los colegios de la provincia. La respuesta fue masiva. Vinieron cantidades de niños. Creo que es muy importante que los chavales se familiaricen con el arte y con su patrimonio. Es una forma de empezar a educar su sensibilidad. De pequeña, mi padre nos llevaba los domingos a los museos y creo que eso provocó algo dentro de mí de lo que no soy consciente. _Bueno, tienen ustedes un edificio premio nacional de Arquitectura, ¿algún piropo para el arquitecto, Manuel Gallego? _Creo que es ejemplar. Es muy agradable para disfrutar de los contenidos y, desde el punto de vista museístico, es operativo al cien por cien. Desde fuera parece que tiene menos luz. Pero es muy agradable para pasear y ver las obras. _¿La muestra escultórica del noruego Vigeland tiene tirón? _Sí, podemos prorrogarla. Nos interesa mucho seguir esta línea, es un proyecto internacional. La Consellería ya dio el visto bueno y nos falta cerrar el tema con la embajada. _¿Cómo se podría impulsar definitivamente esta pinacoteca? _Me gustaría tener una varita mágica. Tenemos un buen equipo de profesionales y todos, desde el que recibe en la puerta hasta los técnicos, se desviven para que venga la gente y aprecie las cosas de la misma manera que nosotros. Pero (duda, colisiona) es difícil. Parece que sólo importan las cifras, los números.